viernes, 12 de septiembre de 2008

Chávez inventa un supuesto plan de magnicidio, como siempre que se acerca un proceso electoral


La televisión estatal venezolana emitió ayer unas conversaciones telefónicas entre supuestos oficiales de la Fuerza Armada Nacional, que habrían estado planificando atacar el avión presidencial de Hugo Chávez con un caza F-16 y tomar el Palacio de Miraflores y las cadenas de televisión para dar un golpe de Estado.

Las grabaciones, que se escuchan con nitidez y fueron emitidas por el programa nocturno La Hojilla, dirigido por el controvertido Mario Silva, involucran al vicealmirante Carlos Millán Millán, al ex jefe de Estado Mayor de la Guardia Nacional, Wilfredo Barroso Herrera, y al general retirado Eduardo Báez Torrealba, ex comandante logístico de la Aviación. La cadena Venezolana de Televisión (VTV) no ha indicado cuándo se hizo la grabación.

Baéz Torrealba, un general que dejó de comandar tropas después del golpe de Estado de 2002, por sus posibles conexiones con la frustrada asonada, señala: «Ahí lo más importante es que tengo un comandante adentro, coroneles afuera, y un piloto con 1.000 horas de vuelo en F-16. Los otros son instructores que van a despegar los aviones». El oficial retirado de la aviación añade: «Ese comandante tiene unos muchachitos, unos capitanes y mayores que les dieron instructores. Si les ofrecen seguridad dentro de la Base Libertador [de Maracay], yo les pongo los pilotos… Una de las opciones sería volarlo o secuestrarlo en el aire», puntualiza sobre el avión del mandatario venezolano.

Otra de las grabaciones difundidas ayer acusa a un alto oficial de la policía militarizada (Guardia Nacional), que supuestamente es Barroso Herrera, uno de los oficiales de mayor graduación de este cuerpo: «Aquí el objetivo es uno solo: vamos a tomar el Palacio de Miraflores [la sede del Gobierno]. El objetivo tiene que ser uno solo, es decir: todo el esfuerzo hacia donde está el señor [Chávez]. Si está en Miraflores, hacia allá todo el esfuerzo».

Otra persona no identificada pregunta: «¿La gente del hipódromo puede trancar el acceso a los Teques [una ciudad dormitorio al oeste de Caracas]?». «No, para eso es otra unidad. Eso lo hará la gente que está en el destacamento 56 de la Mariposa, que se encargará de Tazón [localidad de la periferia de Caracas] y de los Teques», responde Barroso Herrera.

También aseguró que dentro del Comando Regional número 5 de la Guardia Nacional «dos comandantes, dos tenientes coroneles, se encargarán de la situación internamente», y que cuenta con partidarios en batallones de La Guaira, el principal puerto situado a 30 kilómetros de Caracas.

El Gobierno acusó al ex ministro de Defensa, Raúl Isaías Baduel, de estar instigando los supuestos planes de magnicidio. También aseguró que algunos de estos militares conspiradores, como el vicealmirante Millán Millán, son estrechos colaboradores suyos.

El presidente Hugo Chávez intervino ayer en cadena por radio y televisión para anunciar que ya había «varios detenidos» y ordenó al ministro de Defensa, Gustavo Rangel Briceño, abrir una investigación a través de la Fiscalía Militar.

Tanto el mandatario venezolano como su ministro de Exteriores, Nicolás Maduro, acusaron expresamente a Estados Unidos de estar detrás del intento de golpe de Estado y de los planes para asesinar al presidente, como parte de un «nuevo asalto imperialista» en la región.

Chávez insistió en que «los yanquis y los pitiyanquis [venezolanos pro estadounidenses] vuelven a hacer lo que hicieron en Chile un día como hoy [por ayer], hace 35 años, se desataría un guerra en la región».

Horas después de su intervención por televisión, en un mitin celebrado en el estado norteño de Carabobo, el propio Chávez anunció que su Gobierno ha comunicado al embajador de Estados Unidos en Caracas, Patrick Duddy, que debe abandonar el país en un plazo de 72 horas, en solidaridad con la decisión tomada por el Gobierno de Evo Morales el pasado martes.

«Ya basta de tanta mierda de ustedes, yanquis de mierda», exclamó Chávez en Carabobo, mientras volvía a amenazar a Estados Unidos con interrumpir el suministro de petróleo (Venezuela es el cuatro suministrador de crudo de EEUU).

Las acusaciones sobre el supuesto complot contra el Gobierno y contra la vida de Chávez coinciden con la llegada de dos bombarderos rusos Tu-160 a la base aérea de Palo Negro, a 100 kilómetros al oeste de la capital venezolana.

El Mundo, Madrid
Jaime López


Revolución de maletín

El juicio de la maleta de Antonini es una bomba atómica que acaba de estallarle en la cara al gobierno. No porque nos diga algo que no hayamos denunciado hasta el hartazgo sino porque arroja una luz más intensa sobre la existencia de todo un sistema de corrupción, que involucra a especímenes de esa burguesía emergente, enriquecida a la sombra de los negocios con el poder, con funcionarios públicos de muy alto rango en este gobierno. Además, se trata de un sistema transnacional, cuyos tentáculos se extienden por varios países del continente. Sin embargo, no es nuestro propósito ocuparnos de los detalles del caso, sobradamente cubiertos por la crónica mediática, sino de las implicaciones políticas y morales de este episodio sórdido, que desnuda implacablemente la naturaleza profunda del régimen.

Quien sirve o acompaña al chavismo, a diferencia de servidores o votantes de gobiernos anteriores, es porque comparte una determinada filosofía de vida y de política y una cierta visión del mundo y del país. Filosofía y cosmovisión que presumen de una supremacía moral y ética, que supuestamente diferenciaría a los refundadores de la patria de sus antecesores, por definición todos corruptos.

Pero, hete aquí que, escondida tras esa supuesta superioridad moral y ética se agazapa una capa de nuevos ricos, esa burguesía bolivariana, nacida y expandida al calor de los negocios con el Estado, y que constituye uno de los soportes sociales del régimen. En estrecha connivencia con la boliburguesía se han venido enriqueciendo los miembros de una nómina burocrática, política y militar, que se divierte lanzando a los cuatro vientos grandes palabras sobre el "hombre nuevo", la "moral revolucionaria", la "ética revolucionaria" y otras zarandajas semejantes, supuestamente atribuibles al "socialismo".

Esto debería plantear un grave problema de conciencia para aquellos que de buena fe sirven al gobierno chavista o le dan sus votos. ¿Cómo se puede, hoy, acompañar a un régimen –no sólo a un gobierno–, cuya justificación histórica residiría, según su Máximo Líder, en que está por encima de la decadencia y la degradación propias del capitalismo, pero que, en la práctica, muestra una inmoralidad y una descomposición ética que deja a sus antecesores como unos vulgares robagallinas? ¿Cómo se puede acompañar a una gente cuya práctica niega brutalmente la propia superioridad moral y ética de que se jacta? Porque los nombres que han salido hasta ahora, y los que saldrán, no son aislados ni excepciones. Todo lo contrario. Son apenas la punta de un iceberg.

En la parte de abajo de éste subyace la maciza presencia de una estructura de poder político, económico y militar, abundantemente regada por petrodólares, que se burla cínicamente de millones de venezolanos humildes que les han entregado su fe y su confianza.

Diez años tienen envolviendo sus sinvergüenzuras y el saqueo de los dineros públicos en el discurso "revolucionario". Hoy mismo quieren seguir engañando a los incautos con el cuento de que lo de Miami es una jugada del "imperio". ¿Hasta cuando creerá Hugo Chávez que puede seguir mareando al país con esa basura retórica? Como si todo el mundo, hasta sus partidarios, no supiera que esa banda de ladrones está en la esencia del régimen que Chacumbele preside.

TalCual
Teodoro Petkoff