viernes, 5 de septiembre de 2008

Chávez crea un nuevo enemigo en Venezuela: los "pitiyanquis"




Para Chávez, un pitiyanqui, es un "vendepatria", "arrastrado", "oligarca" "lleno de amargura", sinvergüenza y anti-revolucionario.



El término "pitiyanqui" fue pronunciado una media de diez veces por hora en los últimos discursos del presidente Hugo Chávez y se puso de moda en Venezuela, donde adeptos del mandatario ya lo adoptaron ciegamente para referirse a los políticos de oposición. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, un "pitiyanqui" (vocablo masculino, despectivo y propio de Venezuela), viene del francés, 'petit' y de yanqui, y significa "imitador del estadounidense".

Pero para Chávez, un pitiyanqui, es decir un 'yanqui chiquito', es mucho más que esta parca definición. Es un "vendepatria", "arrastrado", "oligarca" "lleno de amargura", sinvergüenza y anti-revolucionario.

"Los pitiyanquis deberían dar gracias a Dios porque esta revolución es pacífica. Porque somos muchos y si fuera violenta, no quedaría rastro de pitiyanqui alguno en esta tierra", aseguró recientemente el mandatario venezolano.

Pitiyanqui, palabra que debe pronunciarse con desprecio y gesto de asco para ser creíble, se ha convertido en un término recurrente en la precampaña para las elecciones regionales de noviembre, en las que Chávez se juega algo más que un puñado de estados y alcaldías.

El mandatario, después de su derrota en el referéndum de diciembre del 2007 sobre una reforma constitucional, usará las urnas como un termómetro para medir su aceptación, su poder y la satisfacción popular con su proyecto de gobierno.

"Hay que trabajar incluso en domingo. Dicen que Dios descansó el séptimo día pero él estaba tranquilo, no tenía a los pitiyanquis, el diablo estaba en el infierno", aseguró Chávez el pasado viernes junto a su homólogo ecuatoriano Rafael Correa en la faja del Orinoco.

El reiterado uso de este vocablo por parte de Chávez en cualquier acto público al que asista ha hecho que sus seguidores lo repitan también sin tregua en radio y televisión. Incluso el presidente ecuatoriano acabó recurriendo a él en su rueda de prensa conjunta con el mandatario la semana pasada.

¿Pero qué es realmente ser un pitiyanqui? "Es una persona que aspira a ser yanqui pero no tiene capacidad para lograrlo", "un hijo de papá", "los que roban el petróleo a los venezolanos" "alguien que no tiene patria y admira a Estados Unidos" o simplemente "cualquier enemigo de Chávez", son algunas de las respuestas que aparecen reflejadas en blogs de internet, sondeos de prensa y programas de televisión venezolanos.

"Si estar vendido a los intereses de alguien se dice 'piti', entonces los chavistas, son sin saberlo unos pitiCastros", en referencia al líder cubano Fidel Castro, padre espiritual de Chávez, aseguran las páginas de internet de la oposición en Venezuela.

Pero Chávez no es el primero en usar la palabra 'pitiyanqui'. Uno de los mejores ensayistas venezolanos del siglo XX, Mario Briceño Iragorry, ya utilizó el término hace más de 50 años para referirse a una "actitud antinacional".

El escritor recordó que se trataba de una palabra que nació en Puerto Rico, para designar a los ciudadanos que se iban a Estados Unidos a buscar una vida mejor y se rendían a los encantos del vecino del norte.

"Cuando Chávez habla de pitiyanquis, ¿será que no se ve en un espejo? ¿Quién vive de los dólares? Chávez es un mantenido del imperio yanqui. A causa de su megalomanía pitiyanqui estamos anclados en este atraso. Los dólares yanquis que lo convierten en el primer pitiyanqui de su séquito de voraces alimañas", se asegura en otro blog opositor.

"El Quijote dicen que dijo un día sí ladran los perros es porque estamos cabalgando. Que ladren los pitiyanquis, lo que nos interesa es ayudar a los pobres", zanjó el mandatario venezolano en uno de sus recientes discursos.

AFP
http://www.megaresistencia.com/portada/content/view/3175/1/


¡Hasta el 2014!

Todavía las autoridades de la Corporación Eléctrica Nacional –Corpoelec– no han podido determinar las causas de los tres apagones ocurridos en lo que va de año. De lo que sí están seguros es de que el incidente de esta semana no será el último. El presidente de la corporación, Hipólito Izquierdo, ya calcula que la normalidad en el servicio eléctrico sólo se reestablecerá en el 2014; después de que el actual gobierno entregue el mando, si es que en el camino no se aprueba algún decretillo-ley para colar, encapillada, la reelección presidencial.

Es ahí donde se presenta un problema aún más grave que el energético: que por más oscuras que sean las ambiciones electorales en el chavismo, ningún candidato se atreve a postularse para superar el tiempo de mandato del comandante, así sea como presidente de Corpoelec. Hasta ahora sólo se asoma el nombre de un valiente que, además, reúne el perfil adecuado: –Es el único capaz de ponerle energía a la red eléctrica, hasta el 2014 y más allá si así se lo piden.

–Es obediente y nada personalista: toca al ritmo que le pongan y no abre la boca ni para decir que aquella es suya.

–A pesar de su cara de conejo, sabe cómo tratar al imperio: conoce de sobra la política del garrote y la zanahoria.

–Ha logrado lo que ninguna alianza política ha podido: es el candidato de la unidad, que gusta a rojos y blancos... porque es rosado.

¿Logra ver, señor elector, que sí hay una luz al otro lado del túnel?

TalCual





Creer o no creer

Los venezolanos están hartos de las anécdotas de la niñez y adolescencia de Chávez. Si sacáramos la cuenta tendríamos que concluir que el Presidente nunca vivió un día normal. No queda más remedio que maquillar la historia personal hasta donde se pueda.

Ya los domingos no son suficientes paraescuchar inverosímiles anécdotas del Presidente. Ya es fastidioso el eterno cuento de la viejita que consigue cuando se traslada al show dominical y le increpa: "Epa, Chávez, tal cosa y tal cosa". Siempre me he preguntado si es la misma viejita o son diferentes. Por supuesto ya nadie cree tales encuentros fortuitos, sobre todo tratándose de un Presidente que no da un paso sin anillos de seguridad que le espantan hasta las moscas por temor a que sean magnicidas enviadas por el imperio.

Así como en el caso de este cuento, los venezolanos están hartos de las anécdotas de su niñez y su adolescencia. Si sacáramos la cuenta tendríamos que concluir que el Presidente nunca vivió un día normal, cada minuto de su existencia ha estado lleno de vivencias y aventuras tan trascendentales que ni Paulo Coelho sería capaz de competir en aquello de hilvanar historias cuyo final es una gran moraleja para el lector.

La última anécdota que Venezuela escuchó fue la contada durante la celebración del Día Internacional de la Juventud en la Casa del Partido (Teatro Teresa Carreño) ante una centena de jóvenes que aplaudían a rabiar cada vez que aparecía el cartelón que indicaba cuándo hacerlo. Perdón, en rigor no es la última, la ilimitada imaginación del comandante nos asegura que en la próxima cadena conoceremos otra de sus peripecias. Pero volvamos al evento con los jóvenes (del PSUV, claro). Allí el Presidente nos dijo que cuando era subteniente y estaba participando en la lucha antiguerrillera, le pasó por la mente la posibilidad de unirse a los insurgentes y convertirse en guerrillero.

¡Qué manera de intentar lavar su pasado militar y contrainsurgente! Para el Presidente, una revolución sin líder guerrillero a lo Fidel Castro o Daniel Ortega, no es una revolución completa. Entiende que la conducción de un cafetín, un fallido golpe de Estado y una rendición con pantalones mojados, no lo colocan a la altura mítica de los héroes mencionados.

Pues entonces no queda más remedio que maquillar la historia personal hasta donde se pueda y lo permita la historia verdadera. Si no fue guerrillero, por lo menos lo pensó, y eso debe constar de ahora en adelante. No acampó en las montañas, no fue perseguido ni se jugó la vida durante la lucha armada, pero casi lo hace. Por aproximación también se cobra.

Seguro habrá quien le crea, quizás los mismos que le creen el cuento de la viejita que se consigue cada vez que hay un acto importante. Por mi parte la única anécdota que asumo como cierta es la de la diarrea inoportuna cuando hacía las veces de perforista, y lo creo por lo reiterativo. Basta recordar el 4F, el 11A y el 2D. Si las probabilidades no fallan, el 23N seremos testigos de una situación igual de laxante.

TalCual
Tulio Ramírez
http://www.megaresistencia.com/portada/content/view/3170/1/