martes, 8 de julio de 2008

Constituyentes en problemas



El presidente de Ecuador, Rafael Correa, y el de Bolivia, Evo Morales.

A LOS PRESIDENTES Evo Morales, de Bolivia, y Rafael Correa, de Ecuador, les llegó al tiempo la mala hora. Las últimas dos semanas han sido nefastas para los dos discípulos preferidos de Hugo Chávez. Ambos atraviesan los momentos de niveles más bajos de popularidad desde que iniciaron sus mandatos.

En ambos casos la fuente de las dificultades está asociada a las reformas constitucionales que vienen empujando en sus respectivos países, y que forman parte de la receta que se inventó Chávez en Venezuela.

Morales recibió el último golpe el domingo pasado: perdió el control de la provincia de Chuquisaca, que eligió a la opositora Savina Cuéllar como prefecta (equivalente a gobernadora) del departamento. De las nueve provincias que componen el país, ya siete están bajo mandatarios hostiles a su gobierno. Minutos después de su triunfo Cuéllar anunció, recogiendo un planteamiento de la campaña, que convocará un referendo de autonomía en su departamento, similar al que ya triunfó en otras cuatro.

La elección de Chuquisaca fue convocada luego de que el prefecto David Sánchez, del partido de Evo Morales, renunciara a su cargo acosado por las instituciones regionales que exigían para Sucre la sede de los poderes Ejecutivo y Legislativo que ahora residen en La Paz. Sucre es la capital de Chuquisaca y, a la vez, la capital histórica de Bolivia y sede del Poder Judicial. Sin embargo, la lucha histórica de sus habitantes es la recuperación de los poderes Ejecutivo y Legislativo, perdidos en una guerra federal.

En noviembre del año pasado Sucre, que era la sede de la Asamblea Constituyente, se convirtió en escenario de actos violentos porque sus habitantes decidieron impedir la conclusión de la Asamblea para presionar que esta aceptara su demanda de "capitalidad plena". Otras regiones, que reclamaban más autonomía en la nueva Constitución, se sumaron a las protestas.

El gobierno de Morales se negó a atender esas demandas, encerró a la Constituyente en un recinto militar y aprobó el proyecto de Constitución sin la presencia de la oposición. Ese hecho desató el movimiento autonomista en el país que hoy tiene al gobierno de Morales en crisis.

El presidente ha convocado para el próximo 10 de agosto un referendo revocatorio para que los bolivianos decidan si debe seguir en el poder. Espera que un contundente triunfo le devuelva la gobernabilidad y margen de maniobra para negociar desde una posición de fuerza con las provincias. Pero la moneda está en el aire. Las últimas encuestas indican que la popularidad de Morales ha caído más de 10 puntos, al 53 por ciento, y cualquier cosa podría pasar.

La situación de Correa, en Ecuador, es igualmente compleja. La Asamblea Nacional Constituyente que arrancó en noviembre pasado con altas expectativas de sentar las bases para un "socialismo del siglo XXl" -el mismo mote que Chávez le ha dado a su proyecto político- no ha podido redactar el texto que debe ser sometido al pueblo ecuatoriano en un referendo. La semana pasada el asunto se agravó con la renuncia del presidente de la Asamblea, y miembro del oficialismo, Alberto Acosta. El dirigente, llamado por el propio Correa "el hombre más importante del país", se retiró explicando que no podía seguir frente a un proceso donde no se estaba teniendo en cuenta a las minorías. El propio Correa forzó su salida, frustrado por la lentitud con la que avanza la Asamblea y ante el creciente escepticismo de la opinión pública frente a la misma.

Cuando comenzaron las sesiones de la Constituyente, la reforma tenía una popularidad cercana al 62 por ciento. Hoy, según la firma Cedatos, este índice ha descendido a un 37 por ciento. Si ese nivel no varía, la aprobación de la nueva Carta en el referendo podría ponerse en tela de juicio. Lo cual implicaría un golpe político para Correa, que se ha jugado todo su capital en ella. El Presidente y la Constituyente son dos caras de una misma moneda, hasta el punto de que el propio mandatario ha sufrido también un desgaste en las encuestas. Después de haber sido el segundo líder más popular de América -después de Álvaro Uribe- cayó más de diez puntos porcentuales en dos meses y llegó a un 53 por ciento, que lo ubica en el quinto lugar.

"Ambos están pagando el precio de la soberbia. Tratando de imponer su voluntad sin considerar a las minorías o a la oposición. Algo que Chávez pudo hacer gracias a los enormes recursos petroleros, pero que no es posible en países como Ecuador o Bolivia donde la riqueza y el poder están distribuidos de manera diferente", dice el internacionalista peruano Ernesto Velit. El académico colombiano, Eduardo Pizarro, ve las cosas de otra manera. En su última columna en El Tiempo afirmó que los gobiernos de izquierda radical en América Latina están en crisis. "Mientras que los gobiernos de izquierda democrática mantienen altos índices de popularidad (Lula y Bachelet), la izquierda populista (Correa, Ortega, Chávez, Morales) se encuentra en caída libre. El ciclo de gobiernos de izquierda está llegando a su fin", escribió.

Morales y Correa han intentado frenar el bajonazo con posiciones de política exterior que fomentan la solidaridad con sus gobiernos y el nacionalismo. Evo acaba de abrir una nueva pelea con Perú, al que acusa de planes para albergar bases militares estadounidenses. Y Correa anunció que no restablecerá relaciones diplomáticas con Colombia mientras Uribe se mantenga en el poder.

Los próximos dos meses serán claves para ambos mandatarios. Correa tendrá que hacer sus mejores esfuerzos para salvar el proceso constituyente y evitar que se salga de las manos. Morales, por su parte, ha puesto su misma investidura presidencial en el paredón con el referendo revocatorio. Las apuestas son muy altas, y las consecuencias están por verse.

Revista Cambio, Colombia

http://www.cambio.com.co/mundocambio/783/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_CAMBIO-4358100.html