lunes, 9 de junio de 2008

¿Qué les queda a las FARC?


La revista colombiana Semana publica un excelente análisis, acompañado de una Infografía, que detalla el estado actual de las FARC. Su pérdida territorial durante el Gobierno de Uribe y las derrotas militares las han colocado al borde de su final.

Esto es parte del reportaje de Semana:

Cualquier análisis es aproximado debido a la naturaleza clandestina de esta organización. Con el fin de hacer un balance aproximado de sus condiciones reales, Semana.com y el Observatorio del Conflicto de la Corporación Nuevo Arco Iris –que durante más de cinco años ha venido haciendo un detallado seguimiento a la evolución del conflicto armado en Colombia – han construido el mapa actual de las Farc, sus estructuras (frentes, columnas, compañías), sus jefes, en contraste con la evolución de los cultivos ilícitos y el secuestro, dos de sus principales fuentes de financiación. Hemos cruzando diversas fuentes oficiales (en particular del Ministerio de Defensa) académicas, de ONGs , diplomáticas y de los mismos reportes públicos de la guerrilla, que permiten proyectar algunas cifras aproximadas, de su situación militar.

El excelente gráfico animado de la revista lo puede revisar pulsando aquí o en la imagen



En 2002 antes de que llegara al poder Alvaro Uribe, se les calculaban a las Farc entre 18 y 20 mil hombres en armas. Hoy esa fuerza se ha reducido a unos 11 mil. Pero no sólo han disminuido sus tropas, por los muertos que les ha causado el Ejército y por las deserciones, sino que también se han mermado sus estructuras básicas de combate: de 72 frentes activos (un frente es un cuerpo que permanece relativamente estable en un territorio y cuenta con unos 150 hombres) que tenían en 2002, cinco fueron totalmente desmantelados por operaciones militares y 33 han sido diezmados, es decir tienen muchos menos hombres armados que los 150 regulares. Les quedan 34 frentes activos que bien, o no han sido golpeados considerablemente o que se han recuperado con rapidez, algunos de éstos muy numerosos, con más de 200 hombres.

Además de estas células más estáticas, las Farc tienen unas estructuras móviles, de andar constante, golpeando y retrocediendo, que según su tamaño, se dividen en columnas (más grandes) y compañías (más chicas). Éstas están adscritas a alguna de las 7 grandes divisiones de las Farc, conocidas como Bloques o Comandos Conjuntos. Las columnas móviles siguen siendo más o menos unas 15 a 16. Perdieron unas, pero formaron otras nuevas. Y antes tenían unas 20 compañías y ahora tienen unas 13.

Con la flexibilidad y adaptabilidad, que las ha caracterizado en sus 44 años de existencia, la Farc también han desarrollado otras estructuras móviles y descentralizadas para resistir la larga y costosa ofensiva militar con que el gobierno de Uribe lleva enfrentándolas en los últimos seis años. Han creado un Bloque móvil y desarrollado la posibilidad de formar “comandos conjuntos de área” o “interfrentes”, unas estructuras que se arman en caliente con frentes y columnas móviles para desarrollar una operación o enfrentar una ofensiva de las Fuerzas Armadas.

Los expertos no sólo miden la fortaleza militar por número de combatientes y estructuras, esta también se refleja en la permanencia de los jefes. En este sentido, este año, las Farc han recibido los dos golpes más contundentes de su historia. De sus 7 miembros principales del Secretariado perdieron a dos, Raúl Reyes e Iván Ríos, por acción de la Fuerza Pública. Además murió Manuel Marulanda, su jefe fundador, al parecer de infarto, el pasado 26 de marzo.

Reyes era ficha clave en las negociaciones internacionales de la organización, desde el apoyo para lograr un posible canje de guerrilleros por secuestrados, hasta el contrabando de armas. El otro, Ríos, comandaba el Comando Conjunto Central en una zona geográficamente muy quebrada, y por ello, es un mando difícil de reemplazar. Pocos con nivel de mando dominan esa zona del país. De los 31 miembros que se sabe tenía su Estado Mayor Central, algo así como su junta directiva ampliada, que incluye a los del Secretariado, han salido de sus filas por muerte, captura o desmolización, ocho.

Un número récord de mandos medios han salido de la guerrilla. Sólo en los primeros cuatro meses de 2008 se desmovilizaron 129 de ellos. Han sido bajas costosas para las Farc, pero no por ello han dejado a la organización sin liderazgo. Que se sepa de los que eran miembros del Estado Mayor Central en 2002, aún les quedan allí sentados, 19.

No obstante, como han perdido varios jefes medios, su estructura de mando se ha visto debilitada. Según los análisis del Ministerio de Defensa, el promedio de edad, y por tanto, de experiencia de sus cuadros de mando ha ido bajando. Y a menor experiencia del jefe, más vulnerabilidad militar, y mayor deslealtad e indisciplina. Prueba de ello es que en 2007, un número récord de combatientes de las Farc de 2.480 hombres y mujeres, abandonaron las filas. Esto es un incremento de 58 por ciento, en comparación con los desmovilizados en 2006, que fueron 1.565. Así mismo están desertando miembros más antiguos: si en 2006, de los que salieron de las Farc y el Eln, el 12 por ciento llevaban entre 5 y 10 años combatiendo, en 2007, este porcentaje subió a 27 por ciento.

Otra medida del pulso militar tiene que ver con su capacidad ofensiva. El número de acciones bélicas, sumando combates, emboscadas y hostigamientos de las Farc, contra la Fuerza Pública, fue en 2007 de 660, un número menor que en 2002. Sin embargo, al comparar sus acciones militares entre 2006 y 2007, éstas crecieron, pues sumando combates, emboscadas y hostigamientos, éstas pasaron de 484 a las 660 del último año. Claro está que son acciones de menor envergadura.

Los ataques a la infraestructura productiva del país también han bajado. En 2001, la guerrilla se tomó 39 pueblos, y en 2007 no se tomaron ninguno. De 483 voladuras de torres de energía en 2002, se pasó a 122 en 2007 y, con un resultado más modesto, de 86 voladuras a los oleoductos se bajó a 57.

Las Farc también han cambiado su estructura financiera. En 2002 los pagos por secuestro representaban una buena proporción de sus finanzas, pues cometieron en total 973 secuestros. Pero en 2007, sólo secuestraron a 120 personas, casi la décima parte, y es de suponer que los ingresos que les representaba este cruel negocio bajaron sustancialmente.

Los tiempos en que eran capaces de enfrentar embates de la Fuerza Pública de cuerpo a cuerpo, con grandes contingentes de guerrilleros, y ganar, han pasado definitivamente a la historia. Ahora están de vuelta a la clásica guerra de guerrillas, de pequeños grupos que “hostigan y esperan”, como llaman a la nueva táctica. Las principales armas de esta guerra silenciosa son las más crueles: las granadas de mano, a veces fabricadas por la misma guerrilla y las minas antipersonales que se activan o bien al pisarlas (y por eso caen tantos civiles) o por acción a control remoto.

Esa guerrilla más ágil y pequeña, si bien más difícil de combatir tiene también su lado flaco: está más móvil, menos arraigada en el territorio y eso la expone más. Con mejor inteligencia el Estado ha logrado interceptarles más comunicaciones y detectar mejor sus movidas.

La geografía también dice mucho de la situación de las Farc. Perdieron zonas estratégicas para financiación y logística, como algunos barrios de grandes ciudades como, Medellín y Cali. Y del área rural alrededor de Bogotá fueron expulsados definitivamente por la acción del Estado. Incluso han tenido que salir de territorios donde llevaban años de dominio como en el norte de Boyacá y sur de Santander. Los ha sacado el Ejército de lugares que nunca imaginaron conceder, como La Julia en Meta, a donde antes se paseaban como de veraneo, el Mono Jojoy y John 40, el más caracterizado representante de la más reciente generación de las Farc asociada con el narcotráfico.

En pocas zonas han crecido durante los gobiernos de Uribe. Básicamente sólo allí a donde los cultivos de coca están en expansión o donde fluyen los tránsitos clandestinos y las ganancias del negocio ilegal aumentan. Eso es, en el suroccidente colombiano, en Nariño y Cauca, a donde fueron a dar los cultivos ilícitos, han ampliado sus estructuras móviles; en el Catatumbo (nororiente) donde han vuelto a ocupar territorios de antiguos paramilitares; y en el extremo oriente, Vaupés, Vichada, a donde han llevado a sus propias huestes a sembrar la coca.

Vía Semana (Colombia)

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