jueves, 12 de marzo de 2009

Sin conflicto no hay chavismo

El vocablo conflicto designa una situación compleja que se define como una determinada estructura de las relaciones sociales, que puede enfrentar a individuos, grupos, organizaciones o naciones. Los conflictos no son ni malos ni buenos, ocurren y su frecuencia se incrementará a medida que las sociedades se hacen más complejas. En todo caso, modernamente los conflictos se consideran algo normal, pueden ser saludables para el contexto en el que ocurren, y lo que puede quedar en entredicho es la manera de gerenciarlos.

En la circunstancia venezolana más reciente, entre las plantas industriales intervenidas o expropiadas; las fincas amenazadas; las tensiones sindicales bancarias; el cierre de una exposición internacional, no podemos llamarnos a engaño, el contexto en el cual estamos viviendo es un típico escenario de conflicto, caracterizado por un proceso de transición de una "nefasta sociedad capitalista de consumo irracional", a una "sociedad socialista autóctona", distinta a todas las formas de socialismo conocidas hasta el presente, denominado socialismo del siglo XXI. Mientras tanto esto se logra, coexistirán los dos modelos: el modelo cuya muerte se ha decretado y el modelo cuya emergencia se viene fraguando paso a paso.

En este escenario, la dirigencia oficial sólo puede gerenciar con el expediente de la confrontación, real o provocada, a pesar que una gran parte de los venezolanos abogan por un escenario de paz, concordia y reconciliación. Sin embargo ¿es esto posible?

En términos prácticos, hasta tanto no se le dé fisonomía legal al proyecto revolucionario, la espada de Damocles penderá sobre las empresas, las clínicas, los colegios y todo aquel conglomerado de emprendimientos privados preexistentes a la revolución bolivariana. ¿Quién puede aspirar diálogo en este escenario? Desde la oposición se pide diálogo, desde el oficialismo se niega, negativa que amerita una excusa: con golpistas, fascistas, oligarcas, guarimberos o desestabilizadores no se dialoga. Estos atributos son encarnados por la oposición, ergo, no es posible el diálogo. No importa que el pueblo haya votado por ellos, igual desde el oficialismo no se reconocerán, de lo que se desprende que no es verdad que el pueblo manda.

El objetivo del proyecto revolucionario no es precisamente la paz, pues la misma no es factible dentro de este modelo. El proyecto revolucionario aspira un determinado orden socio-económico que aún no se ha logrado implantar legalmente en toda su extensión, en virtud de lo cual, mientras tal cosa no se logre, coexistirán en Venezuela dos sociedades. Una vez lograda la legalidad, nadie podrá disentir pues, por una parte, la Constitución nacional y sus leyes derivadas, y, por la otra, el proyecto revolucionario, serán dos y una misma cosa y, en consecuencia, de obligatorio cumplimiento por parte de los ciudadanos. Al concierto internacional no le quedará más remedio que aceptar la decisión del pueblo soberano, decisión que hasta tanto no se viva en carne propia, no será entendida por una parte importante del pueblo venezolano.

En el ínterin, invasiones, expropiaciones, confiscaciones, nacionalizaciones, serán actos que más tarde o más temprano, se irán ejecutando con rigor y disciplina revolucionarios de acuerdo con las instrucciones dadas por el máximo líder del proceso.

Ahora, no sólo basta poder omnímodo para implantar tal sociedad. Se requiere que la disidencia democrática no unifique criterios; no proponga un proyecto alternativo de sociedad de justicia; no renuncie a los personalismos; no anteponga el país a los bolsillos; no se bajen de las gradas los ciudadanos que aún continúan en ellas.

El 2D se dio un gran paso, condición necesaria pero no suficiente. A los venezolanos demócratas (que no de oposición) no nos queda otra opción como no sea la de crear las condiciones para que el proceso revolucionario no continúe avanzando a paso de vencedores.


José Mayora
El Universal



Hace seis meses Pdval no despacha arroz a los municipales



En los comercios privados tampoco se consigue el producto desde hace un mes


Dentro del plan de distribución de la Productora y Distribuidora Venezolana de Alimentos (Pdval) estaba previsto el despacho mensual de 200 toneladas de alimentos, entre leche en polvo y líquida, azúcar, aceite, caraotas negras, arroz, carne y pollo, con la promesa de ampliar el portafolio de productos.

En efecto la oferta de Pdval se extendió a más de 22 productos, pero actualmente están disponibles en los mercados municipales sólo tres de ellos: leche, atún y jamón endiablado.

Destaca el caso del arroz blanco que no llega a los municipales desde hace seis meses, informaron vendedores de Guaicaipuro y Quinta Crespo. A esta larga ausencia también se suman el azúcar y el aceite .

Pablo Prieto comentó que Pdval no ha despachado arroz porque no tienen el producto en inventario, y porque algunos concesionarios no han cancelado la deuda que tienen con la empresa. No obstante, ayer la red les informó que podrían despachar en los próximos días.

Los comerciantes informaron que durante la etapa crítica de escasez del arroz los consumidores esperaban conseguir, por lo menos, el de Pdval, pero de éste tampoco había.

Ni el rastro Las intensas acciones por parte del Indepabis y el SADA durante la semana pasada para garantizar el arroz a precio regulado en los supermercados, todavía no se ha materializado en estos comercios, pues los supermercados siguen sin recibir el codiciado producto.

En días pasados, el presidente del Indepabis aseguró que para este lunes todos los supermercados tendrían arroz regulado. Sin embargo, un recorrido realizado por El Universal demostró todo lo contrario.

En el caso de los mercados municipales, la semana pasada recibieron un bulto de arroz regulado (24 kilos) y uno de la versión saborizada, que se vendió en cuestión de minutos.

Desde hace más de un mes estos comercios no reciben arroz regulado, en su lugar tienen disponibles las versiones parbolizada y de tipo amarillo.

Igual ocurre en los supermercados, donde tampoco hay abastecimiento del rubro regulado desde hace más de un mes.

Angie Contreras C. EL UNIVERSAL