sábado, 14 de marzo de 2009

El régimen no come arepa



Rumbosa fiesta de boligurgueses, los nuevos oligarcas "socialistas"
Después que hablan tan mal de las mismas, después que dicen que la Universidad Bolivariana es excelente, cínicos. Ministros Cabeza con su hija, graduada en URBE.



No terminan las sorpresas, ni las que nos arroja el propio Presidente, ni las que vienen desde el corifeo a que sus ministros apuntan en franca competencia, como en el clásico teatro griego. Se vive en la entropía del caos, el sistema es inestable y el desorden es universal. El Presidente juega al caos, en el caos él es indispensable, y como en todo sistema sin “orden” cualquier ocurrencia que imponga el poder genera el caos, estadio en el cual los derechos de propiedad no son respetados por el árbitro -Estado- y creyendo que tiene un mandato para el poder absoluto -y allí el peligro- la gente ha comenzado a pensar que la resistencia mostrada hasta ahora no es suficiente para que se respete cierta regularidad democrática.

Las confiscaciones, intervenciones y estatificaciones masivas, unido a la presión laboral que enfrentan los venezolanos, por un lado porque la economía está en franca contracción y el desempleo aumenta velozmente, mas el pavor inflacionario que se vive, escasez de bienes necesarios, y el deterioro de los ingresos reales porque el impuesto inflacionario ya comienza a fluir al Fisco para compensar la caída del ingreso petrolero, pudieran en conjunto todos estos elementos, causar serios malestares sociales -expresados políticamente- que podrían poner a la gente en movimiento de protesta.

El enorme hueco fiscal y de balanza de pagos que causaron el derroche, la corrupción, el despilfarro de la inmensa riqueza petrolera y la caída en los precios del petróleo se muestra como un caldo de cultivo para sembrar el malestar social y político que vemos a diario provocado en caos por el discurso político que pareciera mostrar el fin de esta historia.

Continuando con el derrumbe del sentido común, esta vez, del arroz a las arepas, pasando por las pastas, y muy pronto de la cerveza y la leche, el país debe prepararse para un racionamiento colectivo de todo aquello que el Gobierno regule, o intente producir; no se salvarán ni el pernil, ni la carne mechada ni la pepeada, el ministro de Comercio quiere arepa sin contorno. Pero como un revolucionario no da puntada sin dedal, es probable que en los restaurantes revolucionarios solo sea necesaria la cuchara, al final tal como hoy, la arepa saldrá más cara, entre la corrupción y la ineficiencia, las areperas revolucionarias vivirán del Fisco, de los impuestos y del petróleo, pero la arepa de la calle, de la arepera, la de la bodega del barrio, la del quiosco, dejaría de expenderse de materializarse la regulación anunciada por el ministro antiarepa.

No se le va a pedir a los administradores públicos y quienes dirigen esta atribulada nación que muestren por decoro por lo menos un curso de mayéutica y lógica aristotélica, o de contabilidad, pero al menos algo del sentido común, el menos común de los sentidos y muy escaso en las decisiones de políticas públicas generadas por administradores y gestores del socialismo bolivariano; ya no los han mostrado como sin que se deje obra útil o huella imperecedera, el Gobierno ha “despalillado” más de 900 mil millones de dólares, sin que escuelas, hospitales, infraestructura, viviendas, vías de comunicación, puedan hoy mostrar la capitalización de ese inmenso volumen de ingreso fiscal generado de los elevados precios del petróleo. Por el contrario, lo que nos han traído es la agenda de la descapitalización y ruina que al parecer en estas semanas esté alcanzando el clímax en virtud de las intervenciones, confiscaciones, nacionalizaciones, estatificaciones de empresas agroindustriales y tierras.

Siempre es más fácil destruir que construir y en este sentido el resultado neto de la revolución bolivariana en 10 años es elocuente; solo hay que observar la estructura de oficios y profesiones de la fuerza laboral venezolana para que conozcamos que los oficios menos remunerados son los que copan ya más del 80% de la demanda laboral, para millones de jóvenes venezolanos la capacitación no es una inversión de capital necesario, si después de todo el sector moderno capitalista está cerrando bien por efecto de las estatificaciones, controles y/o por debilidad del marco jurídico que lo asienta porque el árbitro -el Estado y el Gobierno- destroza los derechos de propiedad, eliminando la empresa o descapitalizándola en el tiempo.

De acuerdo a su primitiva visión de lo económico, no se puede exigir que en el Gobierno se conozcan los códigos naturales de la teoría económica que ilustran a cualquier bachiller sobre cómo es que en la economía se forman los precios, porque los costos son apenas un factor en precios, además de ellos, las regulaciones públicas, las preferencias de los consumidores, la competencia, etc., por el contrario, lo que nos muestran desde el Gobierno son los viejos récipes teóricos escritos en los manuales de economía política publicados en la extinta URSS, o la cartilla económica del Che Guevara, y que estos levantamuertos ideológicos parecieran haber aprendido –aparentemente algo tarde- pero con el demoledor efecto de la ruina que ocasionan sus discursos y ejecutorias.
Una mirada a la evolución de la inversión privada, nacional e internacional en los últimos años, los del boom petrolero, nos refleja los riesgos de las estatificaciones y confiscaciones, la debilidad del marco jurídico, los controles, el odio al capitalismo expresado en los discursos del Presidente y su gobierno, las consecuencias aunque visibles en la calle no la muestran las estadísticas que son grotescamente mutiladas como cuando se esconde la basura debajo de la alfombra. Como consecuencia los que viven del Estado han aumentado exponencialmente, por lo cual las matemáticas fiscales muestran que para que alcance para todos se requerían más que los milagros del desierto, las crisis fiscales y de balanza de pagos en curso nos proyectan la naturaleza del ajuste que el Gobierno esconde con la oleada de estatificaciones que buscan tapar también el enorme dispendio fiscal que paradójicamente deja al país desnudo para enfrentar la más intensa caída del ingreso fiscal y de las exportaciones petroleras que recuerde la historia del petróleo en décadas pasadas.

Por lo demás, nada que no hayamos visto alguna vez, solo que ésta, con el retorcido recurso retórico marxista en desaparición hasta en la arruinada Cuba, los expendedores de arepas hoy, y mañana los panaderos, serán expulsados de esa actividad para dar paso a una arepa sin relleno que el Gobierno jura nos venderá en el futuro cercano.

Con el ejemplo de las arepas, el ministro de Comercio trata de darnos una lección de contabilidad de costos; nos habla de estructura de costos, para culminar proponiendo la arepa sin relleno. El ministro se hace el loco y olvida que su gobierno es inflacionario por definición, y que su Mago de Oz, lanza bolívares fuertes sin valor sobre las cabezas de sus seguidores, pero sin deparar que cuando esos billetes toquen suelo, allí quedarán porque su valor intrínseco el mismo gobierno se encarga de vaciarlo para financiar el derroche, la corrupción y el ineficiente gasto público.

Uno que no fue educado en la mala fe, el odio y desprecio por el que está al frente, duda en tomar en serio o dejarlo para el anecdotario de los gobiernos malos que hacen de la burla y del irrespeto su manera de tratar a sus gobernados, pese a que conocemos que estas cosas componen el piso del totalitarismo comunista que pensábamos había muerto y que el presidente Chávez lo está resucitando y pretende imponerlo.

El récipe es único y ampliamente conocido en más de 100 años, aunque parezca mentira y luzca tremendamente atrasado y desfasado, y hasta primitivo, -solo Mugabe hizo algo de eso en los últimos anos y allí está Zimbabue empobrecido para vivir de la caridad internacional después de ser el granero de África-, el Gobierno nacionaliza, confisca, compra y arruina, una manera más indirecta de sacar el capital privado del mercado para que el Estado pueda entrar, es lo que el ministro de Comercio busca con la regulación de la arepa. El desiderátum de esos regímenes de estatificación, nacionalización, confiscación es ampliamente conocido, porque se convierten al mismo tiempo en políticas para depredar libertades, de ruina y pobreza, y sobre todo, el objetivo final político, disponer de ciudadanos pobres dependientes del Estado, para que todos vivan el régimen de servidumbre socialista, el régimen eterno de una única taquilla.

Aunque parezca mentira, y lo hemos escrito desde que el presidente Chávez asomó la nariz en ocasión del golpe de Estado en 1992, que lo que buscaba era implementar un régimen socioeconómico como el cubano, de comunismo puro y simple. La Asamblea Nacional Constituyente fue la primera emboscada al régimen socioeconómico de libre mercado y sus libertades. La complejidad política de esos años, impidió caída y mesa limpia en favor del socialismo, los errores y la incapacidad e ingenuidad de las corporaciones políticas de “oposición”, económicas e intelectuales venezolanas nunca quisieron entender que lo que se traía en manos la revolución y la nueva Constitución era una copia del régimen cubano, se hicieron los locos, ahora apenas lo comprenden, ojalá que no repitamos aquello de “tarde piaste pajarito”.

Posteriormente, el boom petrolero permitió que la Asamblea Nacional se convirtiera en la fábrica de leyes que fue tejiendo el entramado jurídico que debilitaría los derechos de propiedad, se establecían controles y regulaciones en todos los sectores de la actividad económica del venezolano, además de una competencia desleal del Estado como empresario contra la gente y sus empresas. Así la pérdida de las libertades económicas prepara el terreno para la depredación de las libertades en general.

A la inteligencia venezolana le costó comprender cómo evolucionaba ese curioso fenómeno político, por un lado, porque la matriz ideológica de la llamada oposición política es socialista también, no pudo comprender que la guillotina de las libertades económicas era también para mutilar las libertades políticas y que el menú que se nos presentaba en eso de socialismo del siglo XXI es comunismo puro y simple, como el cubano, y muy probable que ahora sin arepas. Ha costado entender que la defensa de los derechos de propiedad es al mismo tiempo la defensa de las libertades y que éstas se sostienen sobre las libertades económicas, es un todo complejo.

Alexander Guerrero
El Universal








"Robin Hood" y su emboscada militarista




Este falso redentor que hace circos ante la galería popular debe ser desenmascarado

El antecedente no es tan lejano: si devolvemos la película hacia el período 2003-2004 -en la antesala del referendo revocatorio- encontraremos grandes similitudes entre aquellas y estas escenas de hoy. La comparación le ofrece al país democrático una pista inestimable para responder con acierto a la ofensiva presidencial. Las iniciativas de Chávez, tras su victoria del 15F, buscan reciclar la esperanza que las misiones produjeron antes de agosto de 2004... El "mago de las emociones" está en plena faena: su norte es conquistar la reelección, recorriendo las veredas de una lucha de clases, cuya trayectoria abonaría el terreno para la consolidación definitiva de su modelo autoritario.

Aunque el jefazo no tiene dinero para diseñar un esquema dadivoso equiparable al del preámbulo del RR, está convencido de que puede calcar ese mismo ambiente. Las decisiones que involucran al arroz -y a otros rubros básicos de los que, sin duda, se ocupará más tarde- pretenden reactivar el fervor del auditorio popular. El intento procura exponer al mundo democrático, enredándolo en el dilema de defender los intereses "de los ricos y poderosos", so pena de lucir ante las masas pobres como un sector reaccionario, sin interés alguno por las calamidades del ciudadano de a pie.

La "gestión ruidosa", con la que Chávez se propone ocultar sus deficiencias -estimulando que sus adversarios respondan como "reaccionarios incorregibles"- no sólo busca recuperar los tres millones de "votos D" que los opositores han logrado captar. Como es visible, también se trata, ¡sobre todo!, de aprovechar la ocasión para perfeccionar su oferta militarista. La clave de ese perfeccionamiento es la exacerbación de la coartada "socialista", con la cual el Presidente se vinculará, cada vez más, a través de "efectos de demostración pedagógica" (al estilo del arroz y de las "expropiaciones"), concebidos para reforzar su imagen de Robin Hood.

La trama -propia del "liberalismo salvaje", que en Venezuela se aplica con la fuerza de las bayonetas- le exige a los demócratas una urgente reingeniería de su discurso. La perversidad oculta en las "buenas intenciones" de Chávez es una agresión alevosa contra el pueblo llano. Este falso redentor, que hace circos ante la galería popular -mientras de espaldas a ella arremete contra los sindicatos, las contrataciones colectivas y demás derechos laborales, sociales y económicos- debe ser desenmascarado. El esfuerzo requiere de la comprensión de algunos aliados afectados. Nadie debe abonar una lucha de clases diseñada para facilitar la instauración de un régimen militarista que se cubre con el manto de la "justicia social". El asunto pasa por acompañar a la gente común en el infortunio de la crisis.

Ese acompañamiento significa colocarse del lado correcto ante las emboscadas, en atención minuciosa de las simbologías necesarias para ganarse la credibilidad y el derecho de ser una alternativa.


Argelia Ríos

El Universal