lunes, 16 de marzo de 2009

Chávez quiere que lo veamos como enemigo


Al sociólogo Heinz Sonntag le preocupa que la fórmula del teórico del nacionalsocialismo, Carl Schmitt, en el sentido de que en política no hay adversarios sino enemigos, adoptada, dice, por Chávez, sea aplicada también por el bloque del país que no se adhiere al proceso. "Ahí es cuando se produce la confrontación"



¿Qué hay detrás de las medidas de intervención de empresas y de toma de tierras que ha adoptado el Gobierno recientemente, sin que medie algo tan elemental como el derecho a la defensa de los afectados? ¿Es una exageración afirmar que está en curso una sustitución del modo de producción capitalista por uno de corte colectivista, en el que el Estado será el dueño de todo? ¿Cómo evalúa esta fase del proceso en la que la manu militari reemplaza la Constitución? ­Esta radicalización obedece a lo que ya es un patrón en este Gobierno. Recuerde que después del revocatorio de 2004 sobrevino una fase de radicalización del proceso.
Luego del triunfo de Chávez en las elecciones presidenciales de diciembre de 2006, ocurrió algo similar: se anunció la formación del partido único de la revolución y la creación de algo que él llamó la defensa y que, posteriormente, fue denominada milicia. Asimismo, después del referendo del 2-D, vino otra radicalización, que se expresó en la aprobación del paquete de 26 leyes de la Habilitante a finales de julio de 2008. No es casual que ese mismo patrón se repita después del 15-F. Eso está sistemáticamente planificado.
El Presidente es un militar. Su pensamiento político no se rige por la racionalidad de un sistema democrático sino por el esquema estratégico militar, que se caracteriza por tener distintas fases, en cada una de las cuales se exacerba lo que se ha hecho en las anteriores. Eso es lo que el ex teniente coronel, hoy comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, hace en política: un paso detrás de otro.

­¿Y este paso que observamos es el paso fi nal? ­De ninguna manera. Esta es una fase en la cual lo que importa es la transformación, como usted dice, del modo de producción capitalista en uno colectivista o también podríamos decir estatista. Pero para un régimen totalitario esto no es suficiente. Por supuesto que la estatización de empresas y de tierras, así como el control de precios y la liquidación de la libertad económica y de la propiedad privada resultan fundamentales.
Sin embargo, no bastará con eso. Chávez no nos considera sus adversarios (ya ha dicho que no va a dialogar) sino sus enemigos. Esa es una visión que se deduce de la filosofía política de uno de los juristas del nacionalsocialismo: Carl Schmitt. Él, en un libro que se titula El concepto de lo político, dice que la política consiste en identificar al amigo y al enemigo. Y la última consecuencia de declarar lo que en la democracia liberal se llama adversario político en enemigo es que el enemigo tiene que ser eliminado. Y a eso, me temo, vamos a llegar tarde o temprano.

­¿Cree que el Gobierno va a tomar medidas represivas como las que toman los regímenes totalitarios? ­No tengo la más mínima duda de que en la cabeza de Chávez está la idea de que la eliminación de los enemigos es la condición para que pueda construirse el socialismo del siglo XXI. Esto implica aumentar el control político y social de la población. Y para lograr este objetivo, él tiene que aumentar la represión directa (la física) y la psicológica.
Mi preocupación es que quienes estamos a favor de una alternativa democrática caigamos en su mismo esquema de pensamiento y lo empecemos a considerar no como un adversario, sino como un enemigo. Eso sería muy peligroso porque supondría el inicio de una guerra civil. Ahí es cuando se produce la confrontación. Si él nota que las reservas democráticas del país son muy fuertes y oponen mucha resistencia a su esquema militar de la política, no dudo que comenzará la represión en masa. Chávez, insisto, quiere llevarnos a un punto en que nosotros también lo consideremos a él como enemigo. Entonces estaríamos de igual a igual, pero con la diferencia de que él tiene el control de las Fuerzas Armadas y de la milicia. Él posee las armas y está dispuesto a utilizarlas.

­Si el presidente Chávez quiere imponer un modelo totalitario, ¿por qué apela a la vía electoral? ­Esa es una estrategia hacia el exterior. No estamos en los años treinta ni en los cuarenta.

Él no ha llegado al poder como lo hicieron los bolcheviques en Rusia, a través de una revolución; una revolución marcada por una sangrienta guerra civil librada entre el Ejército Rojo y el Ejército Blanco (1918 a 1922). Ahora, estos sistemas totalitarios siempre apelan a un esquema común. Cuando Lenin muere, en 1924, deja una carta en la que sugiere que Trotsky sea nombrado secretario general del Partido Comunista.
Y Stalin, a través de múltiples maniobras, logra que él sea nombrado secretario general. Y entonces ocurre una purga, que empieza por Trotsky. Después vienen los gulag (campos de trabajo forzado), donde, ciertamente, mataron a la gente con gases y con armas, pero en los que la mayoría moría porque el ritmo de exigencia era infrahumano y la comida escasa. Y no hablemos de China. ¿Ha leído la biografía de Mao Tse Tung escrita por Jung Chang y Jon Halliday? Es una vez más el mismo esquema: lo que en democracia se llaman adversarios, en estos regímenes totalitarios se convierten en enemigos.

­Enemigos que hay que liquidar...

­Los enemigos significan crecientes obstáculos, sobre todo en una sociedad como la venezolana. Las reservas democráticas de Rusia eran muchísimo más débiles que las nuestras, para no mencionar las de China. En la Alemania nazi, la identificación del enemigo recayó, en primera instancia, en el pueblo judío internacional, no en los judíos alemanes. Hitler comenzó por decretar que los judíos no podían ejercer profesiones relacionadas con el aparato de justicia; después se les privó de ejercer profesiones que tenían que ver con la educación primaria, secundaria y superior.
De ahí vienen, en 1936, las leyes racistas que impiden a los judíos prácticamente hacer vida normal, y entonces surge la noche de los cristales rotos, en noviembre de 1938, que es el anuncio de lo que, sobre todo a partir de 1942, se llama la "solución final". Con esa "solución final", empieza la encarcelación de todos los judíos en campos de concentración. La eliminación del "enemigo" es un patrón común a todos los regímenes totalitarios, sean comunistas, fascistas, nacional-socialistas o sean del socialismo del siglo XXI.

­¿De verdad es factible que Chávez pueda imponer un proyecto de dominio total en Venezuela en pleno siglo XXI? ­Vamos a decirlo así: yo espero que no pueda. Tengo mucha esperanza en las reservas democráticas del pueblo venezolano.

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Heinz Sonntag es un hombre de símbolos: siempre lleva puesto un anillo de plata que cargaba su hijo Daniel cuando murió en un accidente automovilístico. Sonntag nació en Alemania y llegó a Venezuela en 1968. Se graduó summa cum laude de sociólogo en la Universidad de Münster y obtuvo un doctorado magna cum laude en Ciencia Social en la Universidad de Bochum. En el país, ha desplegado una intensa vida académica. Fue director del Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes, adscrito a la UCV) en dos períodos. Ha publicado, como autor o coautor, 21 libros. Obtuvo en 1999 una beca de investigación de la prestigiosa John Simon Guggenheim Memorial Foundation.

Es cofundador y director general del Observatorio Hannah Arendt (una ONG que divulga el pensamiento de la autora de Los orígenes del totalitarismo) y miembro del Movimiento 2D. Desde su perspectiva de gran estudioso de la historia contemporánea --y, especialmente, de los regímenes totalitarios, neototalitarios y autoritarios del siglo XX--, pasa revista, con una voz muy crítica, al proyecto revolucionario de Hugo Chávez.


El Nacional