sábado, 16 de agosto de 2008

El Comunismo. Un análisis


Por Jorge Hernández Fonseca


El sistema socialista estilo soviético, también denominado sistema comunista, desarrollado y experimentado en varios países durante todo el siglo XX, actúa controlando simultáneamente las esferas política, económica, social y moral de la sociedad donde es implantado. Como tal, posee un conjunto de normas que reglamentan rígidamente estas áreas, con vistas a implantar la añorada "justicia social".

En el sistema comunista, la norma fundamental del área política es la implantación de un gobierno de dictadura, con control unipersonal y unipartidista, para no perder el poder político bajo ningún concepto, bajo el pretexto de evitar el regreso del "injusto sistema anterior". La norma principal en el área económica es estatizar toda la economía, para poder obtener los "excedentes" financieros que le permitan sustentar la anhelada justicia social. La norma básica en el área social, es el control policiaco de toda la sociedad, para evitar "opiniones" contrarias al régimen y disidencias que pudieran comprometer el poder absoluto del partido único. Y la norma esencial del área moral es "concentrar en el partido único" los valores permanentes de la sociedad, por encima de las religiones y los valores superiores del conglomerado humano en cuestión. Estos postulados son los principios básicos del esquema denominado socialista, implantado aspirando a llegar a establecer una sociedad comunista, donde no existan diferencias de ningún tipo y donde los hombres-robots trabajen largas jornadas alegremente y por amor al arte, haciendo la voluntad del partido omnipresente, que dirigirá los destinos pre establecidos de todos los ciudadanos sin excepciones, para llegar así a obtener la justicia social planificada de ante mano y vigilada para siempre.

Claro que dentro de cada país, de entre los que experimentaron esta frustrante aventura durante el siglo XX, existieron diferencias de matices, sobre todo, en la aplicación práctica de estos principios, generando no pocas distorsiones, como las existentes actualmente en Cuba en pleno siglo XXI, denominadas eufemísticamente como "socialismo tropical". En el socialismo cubano existen medidas asfixiantes (sin llegar a hablar de la represión política) como la eterna libreta de racionamiento implantada hace 40 años, o la prohibición discriminatoria para los ciudadanos cubanos, de entrar en los hoteles para el turismo, medidas que evidentemente nada tienen que ver con los objetivos originales del "socialismo teórico", pero que florecen como consecuencia de la aplicación práctica de los aberrantes postulados originales. De esta manera, el socialismo en cada país ha tenido características específicas diferentes, siempre excluyendo y limitando a los ciudadanos nacionales de los desdichados países donde el mismo ha sido implantado. Pueden citarse ejemplos de medidas extremas aplicadas en cada uno de estos países, pero haría interminable la lista de "horrores" socialistas, comenzando por los hábitos macabros del padre y maestro de todos los dictadores comunistas, Josef Stalin, reconocidos hasta por los más furibundos seguidores da la doctrina comunista dentro de su Rusia natal.

Haciendo un análisis de las áreas principales de actuación del sistema socialista, puede descubrirse la sustentación a las aberraciones que suceden indistintamente dentro de los países sometidos a este régimen. La dictadura, en el área política, implica en desmanes ejecutados por los aparatos represivos, que solamente acatan y respetan los postulados centralizados de la dictadura y son fuente inspiradora para la represión, el uso de la fuerza y los abusos de todo tipo; de esa manera, el dictador deviene en juez supremo de todo acto, que no tiene la necesaria contrapartida política en la acción o denuncia por parte de otro partido político de oposición, que balancearía los actos arbitrarios en el uso del poder. El control estatal del área económica, implica en la eliminación de la iniciativa creadora y emprendedora, propia del ser humano, acabando con el incentivo principal del desarrollo económico del país; la economía centralmente estatizada es culpable por la ineficiencia del sector productivo, la carestía crónica de los productos de todo tipo y la pérdida de competencia general del esquema de producción y servicios del país. El control en el área social se ejerce a través del establecimiento de una opinión única, la eliminación de la libertades cívicas y de asociación, junto a la abolición total de la libertad de prensa y opinión en todos los órdenes, constituyendo fuente de raquitismo social de los ciudadanos, que se sienten diminuidos en sus derechos, teniendo que actuar como ciudadanos de segunda a merced de los caprichos y dictados del partido y el dictador de turno. Finalmente, el concentrar en el partido todos los preceptos del área moral, eliminando, o minimizando la práctica de las religiones, concentra en manos del dictador, un poder inédito en el desarrollo social histórico. Nunca antes un dictador había concentrado los poderes políticos, económicos, sociales y morales en una persona, como se ha hecho dentro de los regímenes comunistas ensayados hasta hoy. En la peor época de los faraones egícios, de los emperadores asiáticos e indoamericános, o de los reyes del feudalismo medieval europeo, todos los monarcas, sin excepciones, tenían que respetar los dictados de los "sumos sacerdotes", representantes de las religiones, fuera e independientes del poder político de los mandarines de turno, que en el caso comunista, concentra todos los poderes en el dictador, jefe supremo y vitalicio del esterilizante partido único.

Independientemente que las manifestaciones externas de cada sociedad comunista resultan chocantes y contradictorias, representando la mejor manera de demostrar su ineficiencia, crueldad, o decadencia, la base para todas ellas está en los principios generales discutidos al inicio, sin los cuales, las atrocidades que puedan enumerarse carecerían de sustentación.

Unicamente una sociedad democrática políticamente, donde exista libertad de asociación partidaria independiente del estado; una sociedad que garantice la libertad de emprendimiento y la igualdad de derechos económicos a sus ciudadanos, atendiendo al grado de la naturaleza emprendedora y libre del ser humano; una sociedad donde las libertades cívicas y sociales, de opinión, de asociación, con prensa libre y resguardo al derecho de opinar libremente, sin control estatal; una sociedad con libre derecho a practicar cualquier religión, independiente del estado y fuera de los postulados políticos o partidarios; únicamente una sociedad así puede comenzar a pensar en implantar la justicia social.

La existencia de libertad es una precondición para la existencia de justicia. Sin libertad política, económica, social y moral, no puede haber justicia social.