domingo, 5 de abril de 2009

Chávez y su "estilo" comunicacional: "Es un lenguaje procaz, machista, ofensivo con el débil, cayapero y provocador"


"Brevísimos ejemplos muestran la necesidad de visión más amplia sobre lo que se dice"

La palabra prestada

El discurso opositor luce, a veces, similar al del régimen. No se trata de traiciones, sino de la asimilación del discurso ajeno en el propio, como por contagio, debido al efecto de la dominación ejercida. El Gobierno habla por su propia boca y por varios de los que se le oponen que, carentes de discurso, apelan al que tiene "popularidad". El razonamiento es sencillo: Si Chávez es popular y de este lado se quiere "comunicar" con el pueblo, nada más natural que adoptar visiones extremas del Comandante. Véanse ejemplos.



Caso 1: Rosales. No cabe duda de que la persecución contra Rosales es inicua; casi nadie recuerda que la ordenó Chávez una vez que éste acusó de corrupto al entonces gobernador. En ese momento, un indignado Rosales le ripostó algo así como: más ladrón serás tú y tu familia. A partir de entonces se puso en marcha la maquinaria de venganza personal que el Presidente no oculta. A Rosales le pueden prohibir la salida del país y, quizá, lo metan en la cárcel. Sorpresivamente, algunas voces se han levantado para solicitarle que se quede, que se entregue a la Justicia oficial, porque si no quedaría pésimo.

Un pequeño rodeo. Cuando Pérez Jiménez a nadie se le pedía que se entregara; a pesar de que algunos adecos lo criticaron, la mayor parte de ellos comprendió que Rómulo Betancourt en el exterior era más valioso que preso en el país; así ocurrió con Jóvito Villalba y varias decenas más. El Gobierno hizo todo por desprestigiarlos; pero, luego, fueron líderes fundamentales del país. A los miembros del PCV y del MIR alzados contra los gobiernos democráticos nadie les pidió que se entregaran para demostrar sus convicciones, y cuando los agarraron presos, su obligación fue evadirse. Recuérdese la memorable fuga de Pompeyo Márquez, Teodoro Petkoff y Guillermo García Ponce.

Ahora, por lo bajo, se critica a Rosales porque pareciera que no se va a entregar a la justicia de Chávez. Coincidencia total entre altos funcionarios del Gobierno y algunos opositores: Rosales no tiene otra opción que ir a la cárcel. En esta esquina no se duda que las prisiones puedan ser camino a la gloria; pero, tal vez existan otros. Sobre todo ahora que el Gobierno declara guerra total.



Caso 2: Las Groserías. Chávez ha desarrollado un estilo comunicacional que no es el de la gente pobre de Venezuela, que suele ser respetuosa, sino el del malandraje. Es un lenguaje procaz, machista, ofensivo con el débil, cayapero y provocador. No usa los tacos como ingrediente gracioso, ocasional -siempre discutible en un jefe de Estado-, sino que apela a ellos como instrumento de injuria, desprecio y humillación contra el que piensa diferente; y, muy especialmente, cuando hace alusiones sexuales hacia las mujeres.

Si se observa, tal estilo ha impregnado el lenguaje de algunos que se le oponen. Se considera natural usar palabrotas en los programas de radio y TV. La excusa es que Úslar Pietri una vez usó una, en un contexto diferente; por eso, tenerlo como el fundador de la corriente de las ramplonerías en público es no hacerle justicia a su labor para elevar el lenguaje del venezolano. Se cree que el habla de sentina comunica mejor con el pueblo llano, lo que evidencia un profundo desprecio hacia éste.



Caso 3: La IV República. La periodización entre IV y V República es antihistórica y se ha instituido como obvia. A veces, sin pensarlo demasiado, se le reconoce su existencia. Lo más grave es que comienza a haber cierta coincidencia entre la visión del Gobierno de la así llamada IV República (corrupción, desintegración, oligarquías, odio a los pobres, imperio de los ricos, etc.) y la de dirigentes opositores. La idea que promueven algunos es que Chávez tiene razón, sólo que él no es la solución. No entienden que si Chávez tiene razón en su versión del pasado democrático del país, también tiene razón en lo que hace ahora, porque nada de aquello habría valido la pena, incluidos sus personajes, sus herederos, sus ideas y sus motivaciones. Ignoran, los que así peroran, la complejidad de los procesos sociales (que incluye aquello de lo cual sentirse orgulloso y aquello de lo cual conviene desmarcarse). Esa IV República hizo posible una conciencia democrática que es, precisamente, la que ahora resiste hasta el sofoco.



Caso 4: El Paquete. Se sabe que el país petrolero está quebrado a mediano plazo. Pdvsa es un portaaviones al que se le dejó de hacer mantenimiento y que ha sido canibalizado por sus directivos, amigos y demás deudos. La crisis mundial ha precipitado la tomografía del fisco nacional, que exhibe las pústulas externas y las vejigas llagadas que tiene en su cerebro y en su intestino. El Gobierno ha venido adoptando su paquete al estilo socarrón de Chávez: yo quiero a los pobres y les subo los impuestos; yo los amo a todos pero no tienen ni un dólar salvo que presenten el certificado de defunción de su antepasado timoto-cuica; estoy al servicio irrevocable de ustedes, pero no pueden firmar contrataciones colectivas.

El caso es que Chávez no quiere hablar de un conjunto coherente de políticas económicas ante la grave situación; sin embargo, son voceros opositores quienes desarrollan la justificación ideológica, política y económica, de las medidas económicas: el Gobierno tiene que apretar las tuercas. Mientras Chávez se presenta opuesto a tomar medidas "neoliberales" que afecten al pueblo.



Caso 5: El Golpe. El 11A hubo desobediencia militar ante órdenes ilegales del Presidente que habrían implicado una mortandad mayor que la ocurrida. Lucas Rincón le pidió la renuncia al Presidente y éste la aflojó, redactada aunque sin firmarla, pidió irse a Cuba y los estrategas del momento se lo negaron. Esa desobediencia es algo por lo que las fuerzas progresistas del mundo han luchado desde siempre, especialmente desde la terrible dictadura de los militares argentinos (1976-1983) cuya defensa se basaba en la tesis de la "obediencia debida", hoy derrotada internacionalmente.

El caso es que puede ser argumentado que el proceso que condujo a la breve salida de Chávez del poder no fue un golpe de Estado; pero buena parte de los voceros opositores compran la tesis oficial y convierten la permanencia de Chávez en el poder como prueba de que son demócratas, con lo cual, la salida de Chávez por procedimientos no golpistas (paros/huelgas, procesos judiciales, arreglo político) se convierte a los ojos del Gobierno y de un sector opositor en golpismo.



Conclusión. Brevísimos ejemplos que muestran la urgente necesidad de una visión más amplia en relación con lo que se dice, lo cual significa tratar de pensar desde otros lugares diferentes a los impuestos por la dominación oficial. Tal vez éste es el Santo Grial que la disidencia busca y no encuentra.

Lector, ¿conoce usted otros ejemplos?

Carlos Blanco El Universal