viernes, 22 de mayo de 2009

Los pantalones de los militares


El discurso del golpista-presidente (GP) en Buenos Aires y al lado de la presidenta Fernández el 15/05/09 fue una repetición de lo que dijo en cadena nacional a la hora de despedirse: que nadie se sorprenda si dentro del marco de la Constitución y las leyes tomo medidas contra unos medios que permanentemente incurren en delitos.

Pero ahora, para que a los 'che' les quedara más clara la situación, les dio una muestra de las atrocidades golpistas y terroristas de nuestra TV, y por lo cual deberían estar detrás de las rejas todos los dueños de las plantas privadas.

Imagínense ustedes que en un programa trasmitido en horario blanco, para todo público, se le preguntó a los militares activos si tienen los pantalones bien puestos. Es decir, si los cargan o no como un subi-y-baja.

La Presidenta y el público presente no se esperaban esta tremenda confesión.

Pero el discurso no había terminado: Y de verdad que eso no se puede permitir. Porque esa es una manera de llamar a los militares a alzarse, a producir un golpe de Estado contra mí revolución bolivariana.

¿Y por qué tanta algarabía del GP? Si el régimen tiene bajo control las fuerzas de las armas, con sus políticas de subsidios, repartos o simple inversión en la fuerza de sus armas ¿entonces de qué se preocupa?

¿Será que no puede decir como los presidentes de 'la cuarta': cuento con el apoyo irrestricto de las FAN, de la violencia institucional contra toda subversión?

Este debate no es nada nuevo. Y pone de manifiesto que el verdadero origen de esta 'revolución' es la violencia que le es consustancial, por definición estatutaria o teórico-doctrinaria. Donde está uno está el otro.

Y quien ha llegado al mando-poder por la vía de la conspiración militar-cívico, quien desde los inicios de los 80 hizo de esta actividad su profesión, sabe que si la inversión económica que hizo 'la democracia' no acabó con esas ambiciones, tampoco hay motivo para que eso ocurra ahora.
El GP tiene entonces conciencia de que la única manera de garantizar la plena estabilidad de su revolución es con la eliminación del golpismo-conspiración.

Y para ello está obligado a irse por lo alto y eliminar la institución de las fuerzas armadas al servicio de la república y crear las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

En esto se ha avanzado considerablemente. Ya están creadas las milicias revolucionarias. Y cuando un oficial repite una consigna político-partidista que le coloca a favor de una parcialidad, hay que pensar que está actuando la compra-venta o que ha sido efectiva la penetración ideológica y política.
Pero la preocupación por los pantalones apretados o flojos de los militares también hace pensar que hasta la fecha no hay un total control de la institución y que puede haber espacio para que, como en sus tiempos, haya quien le reclame a los militares por comportarse como simples gallinas.

Según el GP (Habla el comandante Hugo Chávez, Caracas, CPT-UCV, 1998, p.213), el maíz a la puerta de los cuarteles se convirtió en una acusación y una exigencia: …"Mira, había cuarteles donde la gente dejaba, en los años 89, 90, 91 bolsas con granos de maíz en las puertas de los cuarteles: ¡gallinas!"...
Y en otras ocasiones el emplazamiento es más directo: ..."en los pueblos, cuando uno iba de vacaciones, o a algún tipo de entrenamiento, casi toda la gente humilde decía: y hasta cuándo ustedes los militares se van a calar esto, dónde están los militares que se alcen contra Pérez, contra Lusinchi, contra la politiquería"...

Y por ello, dice el hoy GP, la conspiración se hizo inevitable: ... "Por más que se trataba de decir no, aquello era inevitable. Y creo que era inmanejable por el alto mando y los cuerpos de inteligencia, que no son tan de inteligencia. Y la situación actual lo sigue diciendo"...

Y este discurso lo remata con el recuerdo de lo que un viejo coronel le habría dicho el 4F-92, cuando ya estaba preso, a un grupo de generales y almirantes que lo rodeaban: ..."Todos ustedes los que están aquí, alguna vez quisieron hacer lo que estos muchachos hicieron. Pero ninguno tuvo el coraje de hacerlo. Deberían aplaudirlos".

Esto quiere decir que nuestros militares, por definición son golpistas y que la diferencia entre unos y otros es el coraje.

Y en este sentido, el llamado que ahora se hace a los militares para que digan a qué nivel tienen los pantalones, es visto por el régimen como el maíz en la puerta de los cuarteles o como la pregunta ¿y qué esperan para alzarse contra Lusinchi o Pérez?

El golpismo bolivariano era válido y patriótico, por ello sigue siendo la máxima expresión del militarismo que hoy azota a este ex país. El otro golpismo está asediado por la inteligencia que dirige el aparato responsable de la estabilidad de VENECUBA.

Porque este régimen reclama y resguarda hoy al golpismo como su mayor patrimonio político, listo y dispuesto para apuntalar y profundizar la llamada revolución socialista del siglo XXI.

¿Y es con el militarismo hecho golpismo y con el apoyo de la renta petrolera como se tratará de imponer un socialismo?

Es evidente que hoy la situación va más allá de los pantalones de los militares, del maíz de los 90 o de las pantaletas del 2001 a las puertas de los cuarteles (EU, 06/01/01). El descontento contra el régimen crece y la única forma que se tiene para detenerlo es la represión.

Pero no hay ningún registro histórico del triunfo de este instrumento, sobre la voluntad-acción del colectivo, por más y que se junten el oficialismo y la parte cómplice de 'las oposiciones'.


Agustín Blanco Muñoz
El Universal