sábado, 16 de mayo de 2009

Chávez y su mayoría ocasional



Por Francisco Alarcón



En la última marcha del chavismo me topé con un recogelatas que deambula en la zona donde vivo, estaba vestido todo de rojo. Sin preguntarle nada me espetó: ahora me dedico al chavismo, como quien aclara que está en un nuevo trabajo. Así me lo hizo saber, ya no soy recogelatas, en este país quien no trabaja es porque no quiere. Vivo de las marchas y movilizaciones chavista sin que tenga que joderme mucho. Igual ocurre en todos los estamentos del aparato gubernamental, allí se alojan las personas de distintas tendencias políticas que pululan en Venezuela, bajo la égida del rojo, rojito chavista. Unos denigran de tan ominoso entorno, otros sencillamente hablan con satisfacción porque “están pasando la ola”. Somos un país pintoresco y veleidoso que nos damos el lujo de mantener a Chávez en el poder durante diez años para que lo eche abajo.

Al “chavismo” la gente lo mira como una oportunidad de trabajo, de conseguir dinero, dispuesto a sacrificar cualquier honor. Se ha constituido en una empresa de ocupación. Es un medio fácil de cobrar sin trabajar y el único requisito es profesarle lealtad absoluta al Comandante, y asistir a las marchas o a cuanto loco evento convoquen.

Sí, algunos venezolanos son “vivos” y la encomienda es buscar los reales a como de lugar, que importa que perdamos la patria, que importa el ocaso de Venezuela. Chávez lo sabe, conoce bien la idiosincrasia de sus compatriotas, por eso, duda de acatamientos civiles y se apoya en los militares, quienes están acostumbrados a seguir órdenes sin ocuparse mucho de la Constitución ni de su papel verdadero.

Los cubanos irrumpieron en este país como “médicos” y entrenadores deportivos y actualmente mandan en la mayoría de los jerarquías sociales. Son los asesores de Chávez, y quienes le cuidan el pellejo, en esto no hay lealtades apodícticas sino sencillamente conveniencias. Desde Venezuela se nutre Cuba y se mantiene un proyecto comunista en Latinoamérica.

Ese fin nunca lo había logrado Fidel Castro, pero con Chávez tiene su lealtad incondicional.

Aquí, habrá una oposición seria cuando tomemos la decisión de resistirnos a una autocracia, veamos con más honestidad el panorama del país y cuando algunos compatriotas se olviden que lo prioritario es llenarse los bolsillos. Al igual que el recogelatas, ciertos ciudadanos son cómplices irresponsables de la destrucción de la nación, no hay excusa que justifique esta actitud, viendo como salida unirse al “chavismo ocupacional”. Eso de hipotecar la dignidad no resulta ni beneficioso para Venezuela, ni para los compatriotas que por “hambre” se vean obligados a perder su libertad. Aquí nada corre por su cauce, ni nada es independiente, o se es cautivo del chavismo o nos oponemos a él. Ni siquiera la cultura anda por cuenta propia, ni los estímulos que otorga el régimen con visos “respetables”, obedecen a una imparcial escogencia, tal es el caso del premio “Rómulo Gallegos”. Siendo otra forma de apartarse del camino de la resistencia, creyéndose que respetan la voluntad de un jurado.

Esas mayorías relativas que reflejan ciertas encuestan con relación al chavismo, obedecen a esta peculiar manera de ganarse la “vida” algunos compatriotas, si hoy Chávez cuenta con un 60% de simpatías es porque el “chavismo ocupacional”, le borró la dignidad al 60% de los venezolanos en los rebusques diarios por la subsistencia. Así, tendremos a Chávez por largo rato, mientras la “oposición” se ocupa de mantenerlo en el poder, consagrándole aquello que en otra época llamaron principios y combatividad del pueblo. Tan doblegado se halla el recogelatas como el orondo “ejecutivo” que presta sus servicios al Estado por necesidades “perentorias”: ¡Por Dios tengo tantos hijos y no puedo dejar de trabajar!; ¡tengo que ir con un pañuelo en la nariz!, es una vergüenza “obligada”. Por esta vía será tarde cualquier obra redentora y concluiremos junto al “chavismo ocupacional” en sus hogueras. Mientras Cuba “trabaja” por su libertad, nosotros lo hacemos para nuestra esclavitud.


http://www.2001.com.ve/articulo_opinion.asp?registro=3768