lunes, 11 de mayo de 2009

Hugo Bush


¿Es democrático gobernar para medio país y contra la otra mitad?


Un prestigioso semanario afirmó que al saliente presidente George W. Bush "le bastaba ser presidente de la mitad del país". Gobernó casi exclusivamente para el electorado republicano, sin esfuerzos conjuntos con los demócratas, intentando saltar los límites constitucionales al poder de la mayoría, en temas como la guerra de Irak, el presupuesto o los derechos civiles.

El pasado primero de mayo se demostró en la calle el enorme parecido entre Chávez y Bush: medio país sobra y pertenece al pueblo quien vota por él. El excelente trabajo periodístico de El Universal hará inolvidables los distintos menús que el Gobierno servía a los chavistas y a la oposición: para unos, cerveza y gaseosas; para los otros, gas y garrote.

Chávez considera que la oposición carece de legitimidad, casi de existencia. Desde la soberbia típica del socialismo, se atreve a clasificar a los líderes de la oposición como dignos o indignos de su trato, como si también debiera escogerlos él y no el pueblo que votó por ellos. Oposición para el Presidente es una forma de vida, una cultura: el rico, el oligarca, el pitiyanqui, así viva en Caricuao (donde la diferencia de votos en el último referendo fue mínima).

El efecto es perverso: la pérdida de arraigo del no chavista. "Este país no es el mío". Y su consecuencia: la huida. Física para algunos que se van; espiritual para otros, que se desentienden de lo público y se orillan en los pocos espacios libres que van quedando. Así se facilita la tarea de Chávez de copar todos los sectores, de modo "irreversible", palabra cada vez más del uso oficial.

Afortunadamente también se produce el efecto contrario, la participación de muchos que nunca habían tenido interés por los asuntos públicos, la politización sana de estratos enteros de la población. Los estudiantes, los gremios y ahora parece que los sindicatos se levantan contra la prototiranía. Pero el cansancio de siete años de lucha hace cuesta arriba continuar. En ellos Chávez ha venido construyendo un apartheid criollo, cuya muestra más clara es la lista de Tascón, documentada con ese nombre por Ana Julia Jattar.

¿Es democrático gobernar como si medio país no existiera? Mejor dicho, ¿es democrático gobernar para medio país y contra la otra mitad, a la que se denosta, agrede y asfixia? ¿Qué debe hacer la mitad oprimida para lograr el respeto de sus derechos? Esas son las preguntas del 1º de mayo.

Gustavo Linares Benzo
El Universal





El socialismo y el hombre nuevo: pura retórica
Prototipo del "hombre nuevo" del "socialismo" que están "creando" los chavistas...

Los pensadores del "socialismo del siglo XXI" han señalado la necesidad de construir un "hombre nuevo"; es decir, un individuo que en su relación con los demás esté motivado principalmente por el altruismo, el desinterés, y la generosidad, en vez del individualismo, el egoísmo, y el egocentrismo; que desee compartir más que competir; y que coordine en sociedad en base a interacciones comunitarias en vez de interacciones de mercado, o relaciones de precios.

En este orden de ideas, en este artículo explico, desde mi perspectiva, por qué la idea del "hombre nuevo" como fundamento del "socialismo" es pura retórica; particularmente, por qué aunque una sociedad basada en un "hombre nuevo" es posible llegar a ella no dependerá de la política, la revolución, ni menos aún de la ideología.

El origen de la desigualdad y del predominio del interés individual sobre el colectivo se remonta a la llegada del Holoceno y el fin de la glaciación. La transformación climática permitió al hombre hacerse sedentario al no tener que huir del frío y, por tanto, coadyuvó al desarrollo de tecnologías y actividades productivas que por naturaleza conducen al egoísmo, la acumulación, y la desigualdad social.

En particular, las actividades productivas nómadas características del período previo al cambio climático no permitían la acumulación de excedentes, ni menos aún distinguir cuánto aportaba cada quien al producto social (e.g la horticultura y la caza). Mientras que posterior al cambio climático, la posibilidad de asentarse y delimitar tierras permitió la aparición de la agricultura y otras actividades que, por naturaleza, sí permitían acumular excedentes productivos (e.g. frutos secos), y, más importante aún, facilitaban distinguir sin ambigüedad alguna cuánto aportaba cada quien a la sociedad.

En pocas palabras, fue la transformación climática la que causó el cambio tecnológico; y fue la transformación tecnológica y la aparición de nuevas actividades productivas lo que condujo a los cambios en la distribución del producto, a las nuevas formas de civilización y organización social, y, finalmente, a los cambios en la política, y en las preferencias, basadas desde entonces fundamentalmente en el egocentrismo, individualismo, egoísmo, y en el derecho a la propiedad privada como mecanismo de distribución de la riqueza, y medio de acumulación para enfrentar la incertidumbre y el futuro.

Es decir, aunque la política innegablemente tiene incidencia sobre lo económico, lo social y la organización productiva, no es la política, ni menos aún la ideología, la responsable de transformaciones tan fundamentales como aquellas asociadas a la organización social de la producción, la forma de vida, las preferencias por el altruismo, el interés colectivo y el de las comunidades, o las preferencias por la propiedad privada, el egoísmo, individualismo, las relaciones de precio y la interacción de mercado.

Más bien, la actividad productiva, la distribución del producto, la política, la ideología y la retórica, al igual que las preferencias individuales y sociales, responden a cambios en factores fundamentales; en particular, el tecnológico.

En este sentido, en las últimas décadas los cambios tecnológicos han marcado una tendencia hacia la igualdad social, siendo la excepción las transformaciones financieras, las cuales más bien han conducido a la desigualdad y, recientemente, a la crisis. Nunca antes había sido tan fácil compartir la tecnología como en la actualidad. Vivimos en un mundo en el cual la primera copia de un software vale cientos de millones de dólares, mientras que el costo de la segunda y las restantes tiende a 0. Esto no se limita a las clases altas y medias, puesto que también los pobres tienen acceso cada vez más al Internet, o a celulares, software y programas informáticos, CDs, y DVDs, relativamente a un costo ínfimo.

En fin, es posible que estemos marchando hacia la sociedad del "hombre nuevo", pero llegar a ella no depende de la política, el adoctrinamiento, el socialismo, o la ideología, sino de un hecho concreto: la tecnología.

Angel García Banchs Visitante académico en el New School University, NY, EEUU Profesor del CENDES/UCV

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