viernes, 19 de diciembre de 2008

Show psiquiátrico en honor de El Poseso de Miraflores


La verdad es que empezaron muy mal: ayer el Partido Socialista Unido de la Revolución Venezolana cargó con decenas de cajas, enviadas de todo el país, que contenían planillas de apoyo firmadas por los fanáticos (incluidos decenas de oportunistas) de la reelección vitalicia. Con este magno acto culminaba una larga, exhaustiva y heroica labor de la dirigencia chavista para levantarle el ánimo al Presidente de la República, entristecido por la derrota sufrida en los principales estados y alcaldías. Las cajas, llevadas en procesión a la Asamblea Nacional, fueron entregadas a los diputados focas y a la mayoría de la familia Flores, que es la terrateniente que reina en esos predios.


En realidad, las cajas representan simbólicamente los "valiums" que el jefe de la revolución necesita para mejorar su ánimo y prepararlo para la incertidumbre que conlleva el referéndum.

Hoy el jefe de la revolución está débil de piernas y pasado de peso cuando se va a montar en el ring electoral. Ya no se mueve con la facilidad de otros años y, como un boxeador en retirada, apenas le quedan los trucos, los pisotones al adversario, la cara excesivamente mojada que obliga al réferi a ordenar limpiarlo y darle unos 30 segundos más de descanso.

En fin, el acto en la Asamblea Nacional contenía más elementos de jolgorio pagado que de auténtico apoyo popular, al punto de que el número de rúbricas no llegó sino a 4.760.485 firmas. Si le echamos lápiz a esta suma descubrimos que es menor a los votos obtenidos por el oficialismo en la "victoria-derrota" del 23 de noviembre pasado. Por ello es que calificamos como mal paso el inicio de la reelección.

Pero como todos sabemos que esta es una operación de carácter no sólo electoral sino psiquiátrico (esto último no tiene ni tendrá jamás nada de malo, como es lógico), no podemos sino resaltar que el cabecilla fundamental de la entrega de las firmas chucutas -porque en verdad no llegaron a alcanzar los cinco millones de venezolanos fanáticos de la reelección-, es nada menos que nuestro adorado psiquiatra y alcalde del municipio Libertador, Jorge Rodríguez, a quien de seguro Chávez quiere tener cerca de Miraflores por si acaso necesita un récipe morado a medianoche.

Para el psiquiatra Jorge Rodríguez, su principal paciente necesita que le prescriban, cada cierto tiempo, una buena dosis de "firmas recolectadas" que, a sus parcializados ojos de médico de cabecera presidencial, "son la expresión del pueblo que de manera contundente apoya al mandatario venezolano".

Para el actual alcalde del municipio Libertador (ex vicepresidente, ex ministro, ex presidente del CNE, y futuro ex alcalde y ex algo más) "esta cantidad de firmas recogidas representa un éxito para el pueblo y demuestra el deseo de la mayoría de que sea aprobada la enmienda". Yo te aviso, chirulí, porque los venezolanos no somos gafos y sabemos cómo y de qué manera antidemocrática fueron obtenidas buena parte de esas rúbricas. Y además chucutas.

Editorial - El Nacional



Mc hamburguer y circo...



El escenario fue preparado. En el patio del Parlamento, grupos folklóricos alegraron a quienes llegaron con las firmas y escucharon los discursos, entre ellos Lina Ron. Desde la azotea, se lanzaron los cohetes.

Las 128 cajas que contenían las firmas fueron llevadas, inicialmente, a la casa natal del Libertador, desde donde fueron trasladadas al Legislativo, por medio de una cadena humana integrada por 2.000 jóvenes, dirigida por Héctor Rodríguez, ex ministro de Secretaría de la Presidencia.

Era una cuestión simbólica: Bolívar era colocado como el proponente, junto al pueblo.

Cuando bajaron con las cajas sonó el toque de diana. En la delegación había indígenas con sus vestimentas originales-, los grandeligas Magglio Ordóñez, Antonio Álvarez (El Potro) y Carlos Guillén. El comando de Ron llevó las firmas en cajitas, envueltas como regalo de Navidad.

A los trabajadores de PDVSA se les obligó a ir al acto, revelaron los afectados, quienes señalaron que las firmas fueron recogidas a la salida de los ascensores de la casa matriz.

Wilmer Azuaje, ex diputado del PSUV, lució una franela con "No a la enmienda", con lo cual fue abucheado. Francisco Ameliach apareció en el Legislativo luego de meses de desaparición.

Debido a las horas de espera y a las largas travesías para venir del interior, los chavistas salieron felices con su bolsita de McDonald’s. "Revolución con hambre no dura", ironizaban en el Parlamento. Otros, con sarcasmo, decían: "Un día más de Patria; un día más de Mc y circo", en alusión a la frase acuñada en tiempos de Rómulo Betancourt "pan y circo".

Cada gobernador debía traer 1.000 personas. Miranda movilizó 3.000, Carabobo 1.000 y fue la delegación menos numerosa.


El Nacional
Hernán Lugo-Galicia / Edgar López
http://www.megaresistencia.com/portada/content/view/4126/1/