martes, 1 de septiembre de 2009

El fascismo como movimiento encubierto


Siguiendo el estudio La escencia del fascismo, del filósofo Giorgo Locchi voy a extrapolar los elementos constitutivos que descubre de este movimiento en Europa, y transportarlos al movimiento del chavismo, para descubrir lo que deliberadamente oculta esta "falsa bandera" del socialismo.

El pensamiento fascista chavista manipula el pensamiento de Bolívar y lo mezcla con las ideas de extrema derecha de un Noberto Ceresole, para conformar una ideología militarista que exalta el protagonismo guerrerista de una plétora de personajes, entre los que destacan las resistencias en contra del Imperio español, de figuras indígenas como Guaicaipuro, Tupac Amarú, de revolucionarios como Zamora, Zapata y Sandino, de militares como Perón, Noriega y otros (nótese que Chávez escoge con pinzas a los héroes nacionales que va a utilizar en sus discursos en otras naciones, mayoritariamente militares o milicianos), la piedra fundamental es la existencia del mito de una revolución continental continuada desde la cual se desplegará el "superhumanismo", que es el corazón de todo régimen fascista.

Está en la naturaleza del fascismo despreciar todo igualitarismo, su organización natural es la jerarquía piramidal con el líder en la cúspide, para ello se necesita la preponderancia del Estado soberano y totalitario sobre cualquier interés y actividad humana, con un desprecio que se manifiesta en la negación de los sindicatos obreros, gremios profesionales, partidos políticos, ONG's, a los que prefiere controlar bajo el techo de organizaciones únicas; su concepto de humanidad es la de un género humano, de una especie animal sometida a las leyes de la naturaleza, incapaz de lograr metas sin que sean impuestas por un líder, lo que lo lleva a tratar a sus congéneres como ganado de su propiedad. Es sintomático del fascismo el trato violento y déspota a quienes se oponen a los designios del poder, la estrategia es el terror, sobre todo con instituciones que pudieran hacerle sombra, como los organismos internacionales y las iglesias, por ello el ataque continuo a la Iglesia Católica y al judaísmo, a quienes acusa de fomentar la degradación del ser humano y de ser causa de la decadencia de las naciones. Locchi advierte varias veces que el fascismo es un sistema oscilante, que puede negociar y convivir con filosofías y posiciones que le son adversas; Mussolini, que era un redomado ateo, pactó con la Iglesia Católica ; Hitler, en un principio, negoció con quien pudiera ayudarlo a alcanzar el poder; Chávez pactó con el socialismo, del que quiere hacer una religión, que no es liberadora ni humanista, que ha usado para instaurar el capitalismo en su etapa más salvaje, la del capitalismo de Estado, que es el modelo que tiene instaurado en Venezuela.

El fascista comprende que las masas funcionan por unas creencias básicas, las cuales no pretende destruir, pero sí transformar, por ello la pretensión de volver a ritos y creencias autóctonas y ancestrales; el fascista es un verdadero revolucionario, considera al mundo podrido y su acción es destruirlo para fundar un nuevo mundo y un nuevo hombre sobre sus ruinas. El fascismo no cree en la sociedad como forma de organización de masas, cree más bien en la comunidad que es mucho más básica y sin instituciones, para ello utiliza una gran cantidad de organizaciones paramilitares y misiones que actúan más como una "orden" o secta, que van encaminadas a satisfacer las necesidades de sus miembros, no de la colectividad, aunque algunas de sus actividades tengan algún carácter asistencial o de interés público; estos grupos, que no son sino tribus (y que varían de acuerdo al temperamento de las personas que los conforman), son orgánicos, en el sentido de que tienen un solo discurso, una sola visión del mundo y principalmente, obedecen incondicionalmente a un solo líder.

Como toda organización política y sistema ideológico, su fin es la obtención del poder para la realización de su plan de cambiar el mundo, lo que lo convierte, de hecho, en el más radical de los movimientos políticos, enemigo de la democracia y, por supuesto, del liberalismo, de la socialdemocracia, del comunismo y del socialismo. Igual que Hitler, a Chávez le resultó práctico montarse en el ideario socialista; los grupos comunistas y socialistas estaban bien adelantados en sus formas organizativas populares, tanto en Venezuela como en Latinoamérica, Cuba se había ocupado de ello por décadas; Chávez se aprovechó de ese trabajo, buscó la aproximación y amistad personal con Fidel Castro, quien, ya anciano, no pudo reconocer en Chávez a un fascista, que terminaría por usurpar su reino en la tierra. De allí pasó a apropiarse del Foro de Sao Paulo, club de las organizaciones extremistas de la izquierda latinoamericana, captó la amistad del líder obrero del Brasil, el presidente Lula, las simpatías de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, mujer forjada en la resistencia de la izquierda en contra del fascismo y la violación de derechos humanos en su país, enamoró al líder indígena Evo, en Bolivia… ninguno se dio cuenta que le hacían la corte a un fascista de nuevo cuño, enemigo mortal de sus idearios y de sus luchas.

La semilla fascista de Chávez la encontramos en las Fuerzas Armadas de Venezuela, con una arraigada inclinación al militarismo prusiano, luego en su forma nacionalsocialista y, posteriormente, alimentados por la influencia norteamericana durante la Guerra Fría , en su tendencia de apoyar a los hombres fuertes del continente en su lucha en contra del comunismo. El pensamiento totalitarista y su vocación de dominio político continental, quedan claramente expresados en su insistencia de hablarles directamente a los pueblos de Latinoamérica, y no a sus gobiernos. Todos esos presidentes socialistas, amigos de la revolución bolivariana, no están viendo el peligro que corren apoyando a Chávez, están atentos sólo a su disfraz socialista, pero no le están poniendo cuidado a su discurso y acciones, que son virulentamente contrarios al interés de las grandes mayorías, sobre todo de los obreros y los indígenas, al de los campesinos, las mujeres y los jóvenes (vean lo que está sucediendo en Venezuela), sus mensajes no tienen nada que ver con democracia, ni con sus instituciones, su intervencionismo desestabilizador y militarista tiene como fin unir al continente en el odio, su meta es ser una de esas polaridades que dominan al mundo, su ideal es la versión renovada del Imperio Inca, de la Gran Patria Suramericana, pero no con fines civilizatorios de paz, progreso y unión de los pueblos, sino de un poder emergente, guerrerista y conquistador, con suficiente poder para instaurar el dominio total sobre almas y tierras. Es tan desbocada su ambición, que ha escogido a los Estados Unidos de Norteamérica como enemigo, al acicata cada vez que puede y pretende derrotarlo y destruirlo. En esta alocada tarea quiere embarcar a todos los gobiernos socialistas de Latinoamérica.

Saúl Godoy Gómez
El Universal