miércoles, 23 de septiembre de 2009

"Brasil debe decidir si le da asilo a Zelaya o lo entrega a las autoridades hondureñas, pues tiene 18 cargos por delitos políticos y comunes"


Honduras amanece en relativa calma, en silencio, desierta y paralizada. Una jornada más de toque de queda en la que sólo los semáforos parecen fantasmas empeñados en seguir regulando un trafico de personas y vehículos inexistente. Un término, "toque de queda", que los hondureños han logrado interiorizar a la perfección y que volverán a vivir por enésima vez en los últimos tres meses.

Muy pocos logran entender que detrás se esconde un estado de sitio encubierto que suprime no sólo la libertad de circulación y de asociación, sino también el derecho de habéas corpus en 24 horas, entre otras garantías individuales. Simplemente la consigna es: prohibido salir de casa. Pero no todos tienen un coche que diga "prensa extranjera" para librar los innumerables controles del Ejército y decenas de personas incumplen diariamente esta norma, unos por inconsciencia otros por imprevisión, y acaban con sus huesos en el calabozo.

Pero mientras todo se volverá a paralizar hoy en Honduras, sólo una cosa seguirá circulando con mayor velocidad aún que los acontecimiento: los rumores. El boca a boca y las escenas surrealistas que diariamente proporcionan este golpe de estado alimentan que cualquier situación sea creíble para los sufridos hondureños. Rumores que van desde una irrupción en la embajada de Brasil y que el propio Micheletti se esforzó ayer en desmentir.

"Le digo públicamente al presidente Lula da Silva: nosotros vamos a respetar su sede porque esa es tierra del Brasil y la vamos a respetar, siempre y cuando ellos contesten a nuestras peticiones", dijo el antiguo empresario de transportes y hoy presidente de facto Roberto Micheletti. Una irrupción en la delegación de Brasil "nos traería aún mayores problemas", admitió la vicecanciller de Micheletti, Martha Alvarado, consciente del aislamiento en que vive su gobierno. Aún así el ejecutivo de Micheletti insistió en que "Brasil debe decidir si le otorga asilo a Manuel Zelaya o lo entrega a las autoridades hondureñas, pues tiene 18 cargos pendientes por delitos políticos y comunes".

Mientras tanto ayer abandonaban la embajada de Brasil 147 personas que el día anterior irrumpieron en el edificio acompañando la entrada de Zelaya. Aún quedó un grupo, no superior a la treintena, pero los que dejaron la sede diplomática lo hicieron vigilados por la Fiscalía de derechos humanos para que se cumpliera la promesa de que quedarían en libertad. Entre ellos salieron cinco menores con edades tan ridículas que tuvieron que salir en brazos de sus padres después de 24 horas malcomiendo, maldurmiendo y mallavandose. ¿qué hacían ahí niños tan pequeños? Nadie ha sabido responder a esa pregunta, ni si los organismo de DDHH ampararán también a sus padres.

Otros rumores apuntan a un posible traslado de Zelaya a la residencia del embajador de Estados Unidos, Hugo Llorens, o incluso que vuelva a salir de Honduras en un avión (tal vez por eso Zelaya duerme vestido y con las botas puestas) camino de un tercer país. Rumores tan inconsistentes como el que señalaba que la pasada noche la capital se quedaría a oscuras y sin electricidad para evitar disturbios, circunstancia que finalmente nunca sucedió. Los más disparatados apunta a una inminente invasión extranjera para reponer a Zelaya.

No obstante uno de los pocos hechos constatables frente a la embajada brasileña fue ve como un grupo de la policía de élite, cubiertos con pasamontañas, chalecos antibalas y fusiles de alto calibre rodearon esta noche la sede diplomática. Más madera para la rumorología.

Pero si hay algo que no sabe de especulaciones es el estomago y ayer, cuando caía la noche, la ONU logró introducir en el edificio diplomático varias cajas de comida para el depuesto mandatario. Patatas fritas, queso, agua, galletas, pan, leche...y papel higiénico. Otro de los asuntos para el que no valen las especulaciones ni el sombrero de cow-boy.

El Mundo