jueves, 19 de noviembre de 2009

'Prepárense para la guerra'


Las relaciones entre Colombia y Venezuela tienen una larga historia de incidentes y tensiones. La delimitación marítima del golfo de Venezuela -aún pendiente- estuvo varias veces a punto de generar un enfrentamiento armado, y durante años las 'hipótesis de guerra' que utilizaron los ejércitos de ambos países para entrenar a sus soldados tuvieron como blanco virtual al país vecino. Sin embargo, nunca las dos naciones habían estado tan cerca de una confrontación. Lo que Hugo Chávez les dijo a sus generales en su programa Aló, Presidente el domingo pasado, "¡Prepárense para la guerra!", nunca había sido pronunciada en público por algún mandatario de Venezuela o de Colombia.

La crisis en la relación bilateral ha llegado muy hondo. La palabra guerra en boca de Chávez es el último eslabón de una larga cadena de incidentes en la frontera, el cierre del paso en algunos de sus lugares más dinámicos, y el anuncio de la movilización de 15.000 miembros de la Guardia Nacional. Más en el fondo, Uribe y Chávez se han convertido en símbolos de dos grandes tendencias políticas que dividen a América Latina. La frontera colombo-venezolana se ha convertido en el muro de Berlín de una Guerra Fría ideológica, y ambos países han fortalecido su capacidad de operación militar: Colombia, con el acuerdo de cooperación con Estados Unidos, y Venezuela, con la compra de armamentos a Rusia. En cambio, en el campo diplomático la comunicación entre los gobiernos es casi nula y los instrumentos construidos durante años para tratar los temas de la relación están desactivados.

El discurso de Chávez encendió alarmas en varias latitudes. El gobierno de Uribe, mediante un comunicado, solicitó la participación de la ONU y de la OEA. El presidente de Brasil, 'Lula' da Silva, expresó su disposición a propiciar un encuentro entre los dos mandatarios el 26 de noviembre, en la cumbre del Tratado de Cooperación Amazónica que se llevará a cabo en Manaos. El secretario de la OEA hizo un llamado a la utilización de medios diplomáticos, y Estados Unidos, Perú y España se pronunciaron en sentido semejante.

El miércoles en la mañana Chávez afirmó que el sentido de su discurso era el de hacer un llamado para "mejorar la defensa de Venezuela". Un día antes el Congreso de Brasil decidió postergar la votación sobre el ingreso de ese país a Mercosur, y el vocero del Departamento de Estado de Estados Unidos se pronunció a favor de que el caso sea tratado por la OEA. En Colombia las palabras de Chávez fueron interpretadas como un 'reversazo', y el propio Uribe les comentó a un grupo de congresistas de La U que ahora había "un clima de mayor seguridad". Sin embargo, las subidas y bajadas han sido una tendencia de los últimos años que para nada han significado una mejora de la relación.

La pregunta que ronda es qué tan posible sería una guerra entre Colombia y Venezuela. ¿Se volvió viable un escenario que hasta hace poco era impensable? Según las encuestas a lado y lado de la frontera, la opinión pública en los dos países rechaza esa opción y en Colombia esa mayoría llega a un 79,3 por ciento. (Ver Opinómetro). Pero analistas consideran que la 'frontera caliente', la propensión a incidentes y la mala relación entre las capitales es un caldo de cultivo perfecto para que cualquier mecha produzca una escaramuza. Así lo plantea Armando Borrero, experto en temas de seguridad, en un artículo para esta edición.

Las hipótesis más pesimistas se basan en que los dos presidentes enfrentan difíciles situaciones internas y que mediante el conflicto externo buscan distraer a la opinión pública, despertar sentimientos nacionalistas y generar solidaridad en torno a los gobiernos. En el caso de Chávez, la situación económica se ha deteriorado (ver artículo de Andrés Mejía) en forma significativa, y su popularidad ha descendido por debajo del 30 por ciento. Uribe, por su parte, enfrenta según la última encuesta Invamer-Gallup un escenario de caída en la imagen, inconformidad por el escándalo de AIS, malestar por las consecuencias de la crisis económica y una percepción mayoritaria -61 por ciento- de que las cosas están empeorando. La tesis de la 'cortina de humo', sin embargo, es solo un determinante de la crisis actual y es más acertada para Chávez que para Uribe.

A pesar de todo, Uribe mantiene el apoyo de los electores y si el referendo pasa tiene casi asegurada su victoria electoral. Chávez, en cambio, está pagando el precio de abanderar una campaña para que su sociedad -una de las más consumistas del mundo- se bañe con totuma y ahorre agua y energía.

La tensión colombo-venezolana se explica también por la forma como cada gobierno percibe su papel ante la comunidad internacional y para defender su modelo político.

Chávez busca una proyección externa de la revolución bolivariana, y el conflicto con Colombia cohesiona a sus aliados y los alinea contra el 'imperio' estadounidense. Uribe, mediante el acuerdo bilateral de cooperación militar, consolida la fortaleza del Estado para mantener la "seguridad democrática".

El ex embajador de Estados Unidos en Caracas, John Maisto, dijo alguna vez que a Chávez hay que tomarlo "por lo que hace y no por lo que dice". Es decir, que habla mucho y a la hora de la verdad no lleva sus amenazas a los hechos. Hasta ahora, en sus casi 11 años de gobierno, ha demostrado que la 'doctrina Maisto' tiene mucho de razón. A Estados Unidos le ha dicho de todo en los tiempos de Bush como en los de Obama, pero conserva intactos su comercio y sus relaciones diplomáticas. Con Colombia ha habido momentos de tensión y de abrazos, pero no ha llegado al extremo al que llegó Ecuador de romper los lazos formales.

El momento actual, sin embargo, es más peligroso que todos los anteriores por la gravedad de los temas conflictivos, y porque no hay a la vista mecanismos evidentes ni fáciles de solución. Chávez se ha radicalizado y atraviesa por un momento crítico. Una guerra no es inminente pero parece más cercana que nunca. En cambio, la guerra fría -conflicto, tirantez, agresiones verbales, incidentes repetidos- es un escenario que no será superable en mucho tiempo.


Revista Cambio, Colombia



La guerra personal de Hugo Chávez


Durante los últimos 10 años, el presidente Chávez viene anunciando que Estados Unidos se propone invadir a Venezuela de un momento a otro. Quienes lo observamos con inevitable escepticismo hemos comprobado que después de tan terrible advertencia, se dedica a cantar, a reír, o a la celebración de sus propias ocurrencias. Por arte de magia desaparece el dramatismo de la denuncia, de modo que ya nos hemos habituado a la idea de que la amenaza externa carece de todo fundamento, y que va y viene en el discurso presidencial según sea el paso de las nubes.

El Aló, Presidente del domingo 8 de noviembre tuvo otras características. Aun cuando regresaron las viejas referencias, la historia de que Estados Unidos piensa invadirnos, y de que si nos invade se iniciará una guerra de 100 años, en esta ocasión el Presidente involucró a Colombia como el brazo armado del imperio, país donde se trama la agresión a Venezuela. Las referencias guerreristas repercutieron de inmediato en los países de la región e, incluso, al otro lado del Atlántico. El Presidente dijo que tenía en su poder el acuerdo suscrito entre Colombia y Estados Unidos para el uso de bases militares. "Los militares yanquis -expresó- podrán andar en Colombia a sus anchas, por agua, por tierra, por aire, podrán usar el espectro radioeléctrico, es decir, Colombia es ya como un estado de la Unión, de hecho, pues, de hecho". De ahí pasó a las afirmaciones que alarmaron a los colombianos, a los brasileños, a los españoles, a medio mundo, pero de manera profunda a los venezolanos, seres pacíficos ahogados por un discurso que les es ajeno, y de cuya suerte él dispone unilateralmente. Ni de Colombia ni de Estados Unidos conocemos amenazas. La historia es otra, y está escrita por el Presidente de Venezuela. Transcribiré textualmente algunas de sus afirmaciones del domingo, y lo hago con el propósito de que se medite sobre la guerra de que habla el Jefe de Estado.

Veamos quién declara la guerra y contra quién. Estas son las palabras tomadas de Aló, Presidente: "Entonces, compañeros militares, no perdamos un día en el cumplimiento de nuestra principal misión: prepararnos para la guerra y ayudar al pueblo a prepararse para la guerra porque es una responsabilidad de todos. Ah, ¿los escuálidos? No, no. Los escuálidos son una quinta columna aquí. Sepámoslo, una quinta columna, ellos son apátridas, ellos son tan apátridas como la oligarquía colombiana, los oligarcas de aquí, y andan regados por todos lados". De modo que más de un 50 por ciento de los venezolanos -llamados "escuálidos" por el Jefe de la revolución bolivariana-, son aliados del enemigo, o peor, sus agentes activos, eso es la "quinta columna". A la "quinta columna", como en todas las guerras, le espera la peor parte del conflicto. Esta declaración de guerra contra los venezolanos ha sido opacada por la bullaranga general de las palabras, por el desafío altisonante y el menosprecio de la mayoría de la Nación. En otras palabras, la "quinta columna" ya está sentenciada. ¿De qué no son merecedores los traidores a la patria? El llamado a las milicias bolivarianas no oculta sus propósitos.

Fuera de Venezuela, y especialmente en Colombia, las arengas guerreristas despertaron y están despertando inquietud. Un portavoz de Brasil adelantó la posibilidad de una mediación entre los presidentes de Colombia y Venezuela. El canciller Celso Amorim precisó después la condición de que las partes la soliciten. Como quiera que esto parece improbable, la comunidad internacional, y en especial la regional, no puede cruzarse de brazos. Permitir que la guerra de las palabras avance en la perversión de las relaciones entre nuestros países, que se castiguen de manera tan despiadada las comunidades fronterizas, que se atente contra los procesos de integración, sería una confesión de incapacidad o, más grave aún, de indiferencia frente a una crisis impredecible.

En esta etapa democrática de América Latina es vital la toma de conciencia a fin de consolidar el orden regional. Que ningún país viole impunemente los tratados internacionales. Si Unasur fue creada como una alternativa -sin la presencia de Estados Unidos-, la validez de su porvenir descansa en sus iniciativas y no en su silencio. Si el Consejo Suramericano de Defensa está llamado a jugar un papel trascendental propiciando alternativas propias, la crisis entre Colombia y Venezuela no puede serle ajena. Perfectamente puede ser la instancia multilateral a la cual recurran ambos países, no para ser foro retórico sino instrumento de verificación y compromiso. El voto en el Senado de Brasil posponiendo la consideración del ingreso de Venezuela es la reiteración de que para formar parte de organismos multilaterales es preciso cumplir con sus fundamentos jurídicos. No sé cómo puede conciliarse la Carta Democrática Interamericana con la declaración de guerra a más del 50 por ciento de la población.

Por Simón Alberto Consalvi,
ex canciller de Venezuela.

Revista Cambio, Colombia