domingo, 15 de noviembre de 2009

El poder borracho. Dice ser abstemio, pero se comporta como el borrachito del pueblo



Desgraciado el pueblo cuyo rey come no para calmar su hambre sino para provocar su sed" está escrito en algún libro, acaso sagrado, de cuyo nombre no quiero acordarme. Recuerdo sí que Noé, considerado el personaje más simpático de la Biblia, inventó el vino, lo cual tuvo como daño colateral la maldición lanzada a un hijo suyo llamado Cam, un burlón y falterrespeto afroascendiente (Ojo: no he escrito "afrodescendiente", lo que sólo se aplica a su progenie); maldición extensiva a sus hijos, y los hijos de sus hijos hasta el siglo XIX cuando se abolió la esclavitud. Tampoco sé en qué parte del Corán Mahoma prohibió a sus sumisos (es eso lo que significa "Islam") ingerir vino y otras bebidas espirituosas.

En la sociedad moderna, lo que se condena no es la ingesta de alcohol sino su exceso: hacia 1950, una campaña antialcohólica en Francia aconsejaba "no beber más de un litro de vino al día". ¡Qué hígados!

El borrachito del pueblo
Y sobre todo, se condena que un gobernante tenga el hábito de pasarse de tragos; o que, por mucho que dragonee de abstemio, se comporte como el borrachito del pueblo. Vamos a dar un ejemplo de lo primero; de lo segundo mencionaremos el pecado, pero no el pecador, cosa que dejamos a la imaginación de nuestros desocupados lectores. El primer ejemplo es el de Carlos Julio Arosemena, presidente del Ecuador en 1963, quien se jactaba de tener "vicios de hombre", lo cual le provocó el "ratón" más famoso de la historia: en un banquete oficial insultó al Embajador norteamericano, se vomitó encima del Nuncio Apostólico y se despertó al día siguiente sucio, sediento y en Panamá, derrocado y exiliado mientras dormía la borrachera.

Pero hablemos del segundo ejemplo. Hay un gobernante que regala a diestra y siniestra a sus amigos de otros países lo que le falta a sus gobernados: casas, hospitales, carreteras, acueductos, petróleo y hasta el aire que respiran.

El pan de sus hijos
Llamar a eso, como hacen sus secuaces y él mismo, "solidaridad", y sobre todo "generosidad", es dar letras de nobleza a lo que solía decir Richardi, un borrachito del Barquisimeto de mi infancia, quien sostenía que nadie hay en el mundo tan generoso como los borrachos, pues son capaces de quitarle el pan de la boca a sus hijos para bebérselo con los amigos. Por su parte, los españoles tienen un dicho para señalar a aquellas personas sin el menor sentido autocrítico. Siguiendo el método anterior, pondremos primero el ejemplo y luego su teorización por el vulgo. Cuando la imprevisión y la irresponsabilidad de un gobernante hacen que usted se quede sin agua cuando se prepara para sacarse el jabón, la culpa no será de ese mandón por cerrar la llave de paso, sino por usted en habérsela gastado tomándosela con el güisqui 18 años como si fueran boliburgueses militantes del PUSV.

Un quirófano sin luz
Si, también por ejemplo, un quirófano se queda sin luz en medio de una operación del cerebro, la culpa nunca será del gobernante que en diez años no hizo nada para mejorar el servicio, sino de ese mil veces maldito imperio "y su genocida Tomás Alva Edison que inventó la luz eléctrica", cuando tan bien hacían esas operaciones nuestros indígenas con una estaca, una vela y una totuma de agua caliente. Si los alimentos suben hasta las nubes, la culpa no puede ser de un gobernante que da el ejemplo de tener que ensanchar a cada rato el cinturón sin gastar un centavo, sino de esos malditos pitiyanquis de agricultores empeñados en estar sembrando lo que luego comemos, y lo venden, en lugar de dejar que "Dios provea" como aconsejó el camarada Jesucristo, miembro emérito del PUSV.

Si las calles y carreteras están llenas de huecos del tamaño de una estación de metro, la culpa no es de un gobernante que no se preocupó de repararlas, sino de esos malvados escuálidos que se la pasan en la calle en lugar de quedarse en casa oyendo "¡Aló Presidente!"

La culpa del empedrado
El dicho español de que hablábamos y que resume con genio esa actitud, se refiere al borracho que jamás reconocerá que eso le sucede por haberse pasado de tragos, sino que de sus tumbos, desorientaciones y trasteos, le echa la culpa al empedrado por ser tan irregular. Para seguir con las citas, cuando un gobernante, ebrio de poder, busca pelea con todo el mundo, en casa y fuera por el motivo que sea, se comporta como el borrachito que tiene, para usar la adjetivación borgiana, "el aguardiente pendenciero".

Lo peor de todo esto es cuando un gobernante de esos que combinan en un trago euforizante el poder y el delirio, siente que el primero se le va del vaso y comienza a padecer alucinaciones; a ver elefantes azules, arañas verdes, vacas coloradas, dinosaurios fucsia, pulpos negros, calamares en tinta roja, gringos invasores, colombianos magnicidas.

Es entonces cuando comienza a mandar submarinos a Bolivia, aguardiente a los islamitas iraníes, petróleo a los sauditas, coca a los bolivianos y a practicar tres veces al día esa coprofagía que él creyó una amistosa recomendación salutaria cuando Raúl Castro lo llamó "comemiedda".

En fin, cuando, como un Lorenzo Barquero galleguiano, es presa del delirium tremens; y ordena enviar diez batallones a la frontera, les pone a la cabeza a un sobrio general de apellido prusiano pero rojo-rojito (Müller Rojas), les dice "armémonos y partid" mientras él observa el desarrollo de las operaciones desde su bunker en un museo militar.


Manuel Caballero
El Universal